Apenas tuvo repercusión en su momento un álbum titulado “{u}”, el que en 2011 sirvió como carta de presentación para este muy interesante cantautor de Sabadell que rubrica sus páginas en un inglés inmaculado. Fue injusto aquel ninguneo y más aún lo sería si se prolonga con esta segunda entrega, que ha tardado siete años en materializarse y nos sitúa ante una de las voces más sensibles, delicadas y personales del panorama estatal. A sus 39 años, Albert Freixas urde diez nuevas composiciones en la más pura soledad, superponiendo distintas capas de guitarras acústicas (a la manera del último Drexler, si queremos verlo así) y aportando sus excelentes segundas voces a la propia voz principal. Artesanía en primera persona, optimización de recursos, radical independencia creativa: llamémoslo como queramos, porque habrá algo de todo ello en la gestación de este “Oopalana”. Un trabajo para disfrutar incondicionalmente, puesto que la finura de Freixas para el pop-folk es muy evidente. Y una inspiración nacida a orillas del Mediterráneo pero que puede remitir a costas muy alejadas, puesto que la placidez y dulzura de guitarras y armonías nos puede remitir miles de kilómetros más hacia el Oeste, hasta los territorios de Jason Mraz o Jack Johnson. Hay también un trasfondo de soul de ojos azules en las ejemplares “Easy days” y “On standby”, tándem para un arranque inmaculado en el que Albert saca todo el provecho a la franja aguda de su registro vocal. La única colaboración, por llamarla así, es la aportación del pequeño hijo del autor en “Armed to the teeth”, licencia que validamos de buen grado por aquello del amor de padre. Pero está claro que somos nosotros quienes habremos de colaborar ahora para que “Oopalana” no se pierda en el limbo de las buenas intenciones.

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