Defender la libertad del ser humano para amar a quien le plazca, y nunca mejor dicho, sigue siendo necesario cualquier día del año, pero días de celebración (y concienciación, y lucha) aún cobra más fuerza un disco como Xalá, tan singular e inimitable como su firmante, Dorian Wood.

 

A Dorian ya le disfrutamos alguna vez en pequeños escenarios madrileños, donde dejó la imprenta de ese tipo de artistas emocionantes, diferentes; conmovedores hasta ese punto en que el arte casi duele. Gay militante, latino en Los Ángeles, bilingüe y corpulento, es fácil compararlo con Antony Hegarthy y Nina Simone, aunque en este trabajo a veces viene antes a la cabeza el nombre de Chavela Vargas, puede que también el de Nick Cave.

 

Las nueve piezas (todas con una sola palabra por título), firmadas siempre por Wood, se grabaron en formato de trío en el auditorio de Vila-Real y cuentan con la introducción y aplauso de Niño de Elche, que ya resulta todo un síntoma. “Viene a contarnos que hemos nacido del barro y que un beso untado con ese mismo barro nos puede cambiar la piel con la que sentimos las cosas”, resume Francisco Contreras, que afortunadamente es aún mejor cantante que escritor, porque explica con mucha carne e intuición lo que le atañe a la fibra sensible. Dorian es ardor y vulnerabilidad, sexo turbio y caricia dulce. Pero su arte, ya avisamos, es escurridizo frente a las definiciones: mejor atreverse a arrimar el oído.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *