Los padrinazgos dicen mucho de quienes los promueven, porque comprometen nombre y prestigio en el aval a quien todavía no ha alcanzado su mismo grado de excelencia o, como mínimo, de preponderancia en la escena. La gaditana Encarna Anillo lleva más de una década pugnando por asomar como la muy elocuente cantaora que siempre fue, pero no ha sido hasta este Nací canción cuando se ha liberado de ataduras y prejuicios, le ha propinado un sonoro corte de manga al qué dirán y ha contado con la ilustrísima Martirio para urdir a medias una lectura impecable de El corazón al Sur. Y con la no menos venerada Estrella Morente en un vals peruano, por lo que ambas se sitúan fuera de su radio de acción habitual.

 

En realidad, la conexión natural entre el bagaje flamenco y la veta latinoamericana supone la mejor baza y el principal hallazgo en esta entrega, marcada por la figura del guitarrista chileno Andrés Hernández Pituquete, pareja de Anillo. Pituquete es el autor del tema central y seguramente haya influido en la versatilidad de una colección que tan pronto se enraiza en Andalucía como abraza la herencia de Atahualpa Yupanqui. Y es fantástico que así suceda.

 

Golondrina recupera una preciosa pieza del joven cantautor chileno Benjamín Walker a partir de un arpegio de guitarra eléctrica, justo antes de las irresistibles alegrías gaditanas de Las puertas de Gades. Antes hemos asistido a la transformación de Voy a perder la cabeza por tu amor, el viejo clásico de Manuel Alejandro para José Luis Rodríguez “El Puma”, y al que se le extrae toda la flamenquidad que encerraba. El disco salta de aquí para allá, con ligereza y sin cortapisas. Con mucha musicalidad y sin apriorismos. Es lo que necesitaba Encarna Anillo y es lo que debe hacerle un hueco merecido en los territorios vecinos del flamenco.

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