A muchos de nosotros, en aquel ya más bien lejano 1985, este álbum nos parecía el compendio más perfecto de la ternura. Entonces no lo habríamos llamado compendio, claro, ni mucho menos aún epítome, y además no manejábamos el inglés suficiente como para darnos cuenta del trasfondo de crítica social y pesimismo borrascoso que latía en algunas de las composiciones. Era tierna la portada, tan linda, con esos dos chiquillos aliviando sus vejigas en ese blanco y negro tan cautivador (algo de la grisura del álbum lo simbolizaba esa renuncia al color, claro). Y era sencillamente maravilloso apuntar con la aguja al primer corte y encontrarnos con ese abrazo de pop esperanzado que era y es “When all’s well”, tan fresco e instantáneo, tan endemoniadamente bonito, tan alentador. Ya le habíamos echado el ojo a Tracey Thorn y Ben Watt con “Eden”, un debut no menos magistral que este segundo capítulo, pero entonces ese aire medio brasileño lo comprendíamos peor; estábamos cursando las primeras lecciones de música popular y éramos más refractarios a lo que se apartara del canon. Y “Love not Money” era pop británico canónico, precioso, hecho con tejidos no muy alejados de aquellos que ya nos habían volado la cabeza dos años antes, cuando descubrimos a Aztec Camera y su “Walk out to winter”. Era todo tan perfecto que cada cara incluía cinco canciones y la primera de la B, “Ballad of the times”, pasaba por ser la otra joya de la corona. Aunque también estaban “Angel” y “Are you trying to be funny”, y Ben exhibía su voz tristona, con el tiempo más hermosa aún, en la medio irlandesa “Sean”. Lo he reescuchado, por vez enésima. Y sí: “Love not money” es eterno.

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