¿Una banda de pura cepa cubana cantando en inglés y grabando en Nashville? Pues sí, incluso eso es posible, y nada de malo hay en ello. El quinteto que lidera la volcánica Lisset Díaz demuestra que ni la creatividad ni las ideas saben de confinamientos, y que en La Habana pueden asumirse postulados muy lejanos del son o la nueva trova. Sweet Lizzy Project llevan operando unos cinco años al margen de cualquier directriz musical de las que esperásemos en aquellas orillas caribeñas, y de su solvencia pueden dar buena cuenta sus grandes amigos de The Mavericks. Fue el líder de esta histórica banda, Raúl Malo, el primer músico de postín que supo de su existencia y, asombrado con el vigor de su pop-rock de regustro campestre, les sugirió que se convirtieran en sus pioneros. Lo siguiente fue convencer a Thirty Tigers, el venerado sello de los Mavericks y muchos otros nombres esenciales del americana, que acogiera en su catálogo a los cubanos. Y el resultado es este atípico, pintoresco, inesperado y dispar Technicolor. Un estreno lejos aún de la excelencia, quizá por su empeño en abarcarlo todo, pero a ratos fantástico y, casi siempre, encantador.

 

No hay un parámetro único en el universo de la dulce Lizzy, y esta vocación ecléctica la hace aún más curiosa y excepcional, aunque en ocasiones también la desdibuje y deje al aire sus flaquezas. La felicidad, la feminidad y el amplio abanico de colores que reflejan la portada y el propio título de este debut son elocuentes y significativos, y ello abarca desde la débil Ain’t nobody to call, que encalla en el AOR más anodino, a la maravillosa The flower is in the seed, una de esas radiantes perlas de country-folk con las que asociaríamos a referentes como Nanci Griffith o Mary Chapin Carpenter.

 

No hay restricciones que valgan, así que prepárense a un recorrido por la formación cubana más heterogénea de la que hemos tenido noticias en años. Technicolor es un gran tema de apertura que evoluciona hacia un estallido de guitarra eléctrica en la órbita de Santana, December 31st y la notable Travel to the moon inciden en ese rock femenino de rompe y rasga que abanderaban en los noventa Alannah Myles o Melissa Etheridge, y hasta hay un 20 por ciento de incursiones,Tu libertad y Vuelta atrás, en la lengua materna. Incluso un intento de pop feliz, como de silbidito, ese Turn up the radioque parece concebido específicamente para la gloria radiofónica. Queda un disco irregular, sí, pero entretenido y singularísimo. Y con la intuición de que esas Flores en la siembra proporcionarán nuevos y emocionantes estallidos cromáticos. Quedémonos con la copla y, en consecuencia, con el nombre.

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