Lo de The Gift no es solo un milagro. Es un milagro prolongado. Resulta difícil imaginar a partir de qué extraña alquimia un grupo portugués de Alcobaça, un pueblito del tamaño de Guadarrama, acaba convirtiéndose en una banda de proyección mundial. Y cómo es posible que ese fenómeno se prolongue ya durante más de veinte años, sin tropiezos relevantes ni el menor síntoma de que el encanto decaiga. Al contrario, sería muy razonable elevar este “Altar” a la consideración de obra cumbre de nuestros vecinos, aunque entre sus predecesores figuren varios títulos (“Primavera”, “Explode”) a los que ya era difícil encontrar mácula. La grandeza de “Altar” va mucho más allá de que esté producido por Brian Eno, un detalle nada menor. En realidad, Nuno Gonçalves y Sónia Tavares parecen haberse propuesto que cada uno de los diez temas del trabajo se convirtiera en un discurso válido, diferenciado y esencial. Nada se repite, mucho asombra, todo llega más lejos de los lugares que The Gift había alcanzado ya. La emocionante “Love without violins” se coloca al nivel de los mejores Depeche Mode, “Lost and found” es una absoluta obra maestra de ingeniería sonora y “You will be queen” presenta un encanto tan descarado y petardo como casi nadie se habría atrevido a perpetrar. “Big fish” es burlona y adictiva; “What if”, sedosa y elegantísima, y así podríamos seguir añadiendo argumentos título a título. “Altar” es un disco grande, pero no grandilocuente; sin fronteras y rabiosamente universal. Y aunque a The Gift siempre se les haya comparado con New Order, Joy Division o Morcheeba, a estas alturas suenan, inequívocamente, a The Gift.

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