Qué cosa tan fascinante esa de la carga genética. Sobre todo para los legos en la materia, para quienes no acertamos a imaginar cómo la herencia puede determinar de una manera tan decisiva las maneras y actitudes. Kami Thompson y James Walbourne integran una pareja joven y extraordinariamente cualificada, con trayectoria propia y muy relevante, pero no pueden sustraerse al hecho de que ambos son pareja y ella es la pequeña de Richard y Linda Thompson, palabras mayúsculas en la historia del folk rock británico. Lo asombroso es comprobar cómo no solo la joven Thompson, sino también su marido, recuerdan al patriarca Richard en las hechuras, en la forma de escribir y modular, en el desarrollo tanto de las piezas más guitarreras como de las afianzadas desde postulados modosos. El ilustrísimo Stephen Street (Blur, The Smiths, The Cranberries) se ha hecho con los mandos de la producción en esta tercera entrega de Los Raíles, sin duda la más expansiva y de vocación mayoritaria. Si hasta ahora James y Kami habían coqueteado con los modales del folk y los ropajes acústicos, estas diez canciones aspiran a que subamos el volumen y despertemos todo nuestro desparpajo. Así sucede desde el pitido inicial, con un Call me when it all goes wrong que entra en escena como un flechazo al centro de la diana. Y así se desarrolla durante todo el minutaje: diez cortes, 34 minutos, el empeño manifiesto de que no nos dispersemos y la capacidad de que piezas como Ball and chain se nos enreden en la memoria. Hay mucha chispa eléctrica en esta colección fulgurante, pero también algunos momentos de sosiego, en particular el encantador Something is slipping my mind, evocaciones de los Everly Brothers incluidas. Nada de lo que extrañarse: los hermanos Everly figuran entre las obsesiones de Teddy Thompson, el hermano mayor de Kami. Una vez más, todo acaba quedando en casa.

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