En tiempos que requieren de nuestro sosiego y capacidad para la búsqueda de la paz interior, o algo parecido a ella, pocas bandas sonoras más indicadas que la propuesta aquí (aunque nunca hubiésemos imaginado el contexto de la escucha) por esta insólita alianza. Porque lo espiritual induce al alivio, más allá de las creencias íntimas de cada uno, la intersección entre este cantautor escocés, su contrabajista de cabecera y un fabuloso percusionista indio es uno de los nuevos proyectos más cautivadores que han acontecido en los últimos años. Parecía un encuentro circunstancial, la típica alianza insólita que sirve para un disco atípico en colaboración con el que varios artistas dispares se conceden un capricho y un paréntesis, y del que luego apenas quedan noticias ni en los recuentos discográficos. No es el caso. Navarasa ya es el tercer álbum con la rúbrica conjunta de estos tres caballeros, y nada hace pensar (y ojalá que no nos equivoquemos) que estemos llegando al final del camino. Es más, nos encontramos ante el más introspectivo, absorto y espiritual (sí, repitamos la palabra clave) de los tres, aquel en el que la quietud se erige en norma y la contención es casi una actitud vital. “Nava” significa nueve y “Rasa”, emoción, y “navarasa”, las nueve emociones del título, es un término habitual en las artes escénicas indias para referirse a las actitudes que más definen las reacciones del ser humano. Los nueve temas sirven para poner banda sonora a esas circunstancias, desde la ira o el disgusto a la valentía o la actitud risueña: quizá les suenen, y más con este carrusel de emociones a flor de piel. El resultado no es tan inmediato como el de Neuk Wight Delhi All-Stars, pero sí hermosísimo. Sobre todo por el contraste entre la voz frágil y quebradiza de Yorkston y el canto de inspiración sufí en la garganta de Suhail Yusuf Khan, que también frota su ancestral sarangui (esa especie de violín primitivo de tres cuerdas) con resultados estremecedores. Ahora que tenemos tiempo, cierren los ojos durante 57 minutos. De veras. Diez de ellos se los adjudica la etérea Westlin’ winds, aunque no es el único momento para el mayor de los asombros. Anoten: el dúo a capela del indio y el escocés en Twa brothers, la fantástica irrupción de Jon Thorne como escritor y vocalista al frente de las operaciones con Song for Oddury, quizá por encima de todo, la bellísima reconstrucción de la vieja balada escocesa The shearing’s not for you. La vida nos acabará matando, pero qué suerte encontrarnos por el camino con respiros como este.

 

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