Para los seguidores más longevos de la banda a la que hoy nos acercamos, los “sueños salvajes” que evocan en Una revelación (¡puro power-pop a lo Graham Parker, quién iba a imaginarlo!) les transportarán más de 40 años atrás en las hojas del calendario de la vida. Eran los días en que unos veinteañeros eléctricos, viscerales y enfurruñados, pero también comprometidos con una honda dimensión poética, apelaron al número telefónico de la Policía Nacional para dejarse oír. Los grandes focos mediáticos todavía apuntaban durante aquellos años a la Movida madrileña, pero ahora sabemos que a aquellos chavales criados a la vera de la Alhambra no les faltaban motivos ni razones para cantar bien alto. Y es una bendición que sigan haciéndolo, incluso después de un larguísimo paréntesis durante el que ya dimos por hecho que nunca los recuperaríamos.

Porque en estos cuarenta y pico años ha habido tiempo, claro está, para todo tipo de andanzas, sobresaltos, avatares y hasta esas casi dos décadas de fundido a negro, al que José Ignacio Lapido se refiere como «en el limbo de las almas cándidas». Pero a veces los grandes apagones no son definitivos, las conexiones químicas vuelven a activarse y quienes nunca soñamos con encontrarnos de nuevo frente a ellos, subidos a un escenario, podemos disfrutar, incluso Antes de que salga el sol (canónico tiempo medio de evocaciones casi californinanas) de estos nuevos y gozosos amaneceres.

Ellos son, claro está, 091: leyenda y presente (ojalá que también futuro) del rock español y en castellano. Tienen nuevo álbum bajo el brazo desde hace muy pocos días, Espejismo número 9, y pese al título basta con abrir los oídos para percatarnos de que nada aquí es ficticio ni ilusorio. Los granadinos han renovado su compromiso con ese rock legítimo, cabal y del bueno, incluso hasta extremos que ni desde el optimismo cabía imaginar. ¿Puede ser un noveno álbum el trabajo más afortunado en una trayectoria artística? ¿Son capaces Los Cero a los sesenta y tantos de entregar un trabajo aún mejor que los que concibieron durante el alboroto juvenil, en plena eclosión de furia o con motivo de ese intachable ejercicio de madurez canónica que fue Tormentas imaginarias (1993)? Costaba imaginarlo, pero, si a las pruebas nos remitimos, cabe sospechar que sí.

Hay en Espejismo… abundante cariño, respeto y apelación a esa «vieja escuela» que mencionan en Los cantes de la sinrazón, uno de esos prodigiosos puzles musicales de Lapido en el que todas las piezas acaban encajando en su sitio. Encontramos guiños temáticos, incluso desde el subconsciente, cuando a través de la soberbia Piezas de desguace (puro caramelo folkie de voces celestiales, acaso el mejor corte del álbum) aflora en nuestra memoria aquel Cementerio de automóviles que sirvió de título para el primer disco de la formación. Y perviven, desde luego, las hechuras clásicas de quienes aprendieron a escribir mucho antes de las urgencias tiktokeras y las tiranías de la vida precipitada: estas páginas se toman su tiempo, desarrollan unas introducciones acordes con la mejor escuela arquitectónica del pop-rock y no se paran a pensar que la voz de José Antonio García no aflora hasta el segundo 40 de la inaugural Algo parecido a un sueño (¡otro caramelo melódico!), en abierta sublevación frente a los designios del algoritmo y demás peajes de la dictadura digital.

Hace casi seis años, el regreso desde la penumbra que supuso La otra vida (2019) propició la emoción y la aceleración cardiaca que suscitan los grandes reencuentros, pero hablábamos de un álbum correcto que dejaba un poso limitado en la memoria. Cualquiera que se acerque a Espejismo… no percibirá, en cambio, ni un ápice de evanescencia. Desde el baladón lírico a la manera de vals que es Ven vestida de nube al poso bluesero de la magnífica Dormir con un ojo abierto (la favorita de García, que conserva una voz alternativamente frágil y rotunda, pero siempre impecable) o al toque ágil e irresistible que aporta el swing del teclado a No tiene sentido escapar, un primer single de libro, todo invita esta vez a la escucha reincidente. Si acaso la apelación nominal a tal o cual amigo en Nadie quiere oír tu llanto nos invita a pensar en la única página que podríamos saltarnos, pero los versos de José Ignacio siempre aportan, sin excepción, arañazos de calado.

5 Replies to “091: «Espejismo nº 9» (2026)”

  1. Me pasa desde los 80, y es que la verdad me emociona y no hay canciones en nuestro rock con más verdad que las de los Cero. Y nunca me había entusiasmado hasta las lágrimas como cuando los vi por primera vez en un parque de Madrid en los 90. Esta vez en la Riviera acudí con mi pareja y con mis dos mejores amigos desde los 14 años, todos fans. No nos veíamos los cuatro desde hacía dos años. Terminamos llorando como niños, regresamos a los 14, y la vida nos ha maltratado mucho, pero seguimos juntos hasta el final, afilando el último rayo de sol. Y los Cero cantándonos, y nosotros abriendo bien los ojos al irse el sol, porque la luna brillará en el negro cielo hoy, esta noche.

  2. Yo los vi en la Riviera el otro día y las dos horas se me pasaron volando. Pensaba q iba a disfrutar sobre todo en los viejos temas pero estaba muy equivocado. Precisamente en los 5 o 6 temas del nuevo album que sacaron al escenario disfruté muchísimo y el publico los cantaba a voz en grito igual que los antiguos.

  3. Me encantan los cero. Nunca pense que se volvieran a reunir. Los vi de gira con el anterior disco y este 11 de abril lo veremosd e nuevo. El disco lo tengo que escuchar mas aun

    1. 091 es un grupo en que a día de hoy…..
      lo siguen desde niños, adolescentes , a gente madura que les vimos nacer y les seguimos .
      En el escenario dan una energía que para otros 30 añeros quisiera .
      Estar en un escenario casi 2 horas sólo lo hacen los grandes como @Raphael o ellos 😉
      #VivaGraná #Viva091

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