El reino de los hermanos D’Addario no es de este mundo. O al menos no de este tiempo. Firme, orgullosa y obstinadamente instalados en su País de las Maravillas, en esa Arcadia feliz donde nadie mira a las manillas del reloj (y mucho menos a los dispositivos electrónicos, porque aún nadie se ha tomado la molestia de inventarlos), Brian y Michael prosiguen su cruzada contra la ramplonería cotidiana y perfeccionan todavía más, si ello fuera posible, ese don asombroso que los cielos les concedieron para la escritura de canciones perfectas. Así transcurren las cosas en ese microcosmos prodigioso que es Look for your mind, sexto álbum ya, aunque cueste creerlo, de estas criaturas que empezaron a publicar discos en la pubertad y que ahora acreditan ya la friolera de 25 y 27 años. No son edades como para que les asalten aún las incertidumbres existenciales más aterradoras, pero puede que a ellos el devenir de los tiempos ni siquiera les incumba: el repertorio que siguen sembrando se asemeja mucho al elixir sonoro de la eterna juventud.
Casi todo lo que sucede en Look for your mind merecería hueco entre lo mejor que aconteció musicalmente durante los años sesenta, y las tímidas incursiones en el legado de la década posterior se circunscriben a las primeras hojas del calendario: un poco del power pop de Big Star, unas cuantas enseñanzas del viejo amigo Todd Rundgren y todos contentos. El marcador mental y emocional dejó de estar operativo en esta Tierra de los Sueños de los hermanitos no más allá de 1975, a lo sumo, de manera que en la burbuja que los D’Addario han edificado en su guarida de Long Island (Nueva York) la gracia consiste en averiguar qué pócima han ingerido cada vez que suman guitarras y gorgoritos en el estudio. Y los brebajes son de primerísima calidad: Look for your mind, la canción que abre y titula el álbum, no ya es que parezca una joya desempolvada de The Byrds, sino que aspiraría a situarse entre lo mejor que hubiera escrito Roger McGuinn.
¿Exageramos? Escuchen y saquen sus propias conclusiones. Brian y Michael tienen muy interiorizadas las reglas que habrían aplicado seis décadas atrás sus abuelos: las canciones perfectas duran tres minutos, en los álbumes inmaculados caben siete cortes por cada cara y llegados al decimocuarto título, Your true enemy, podemos frotarnos las manos, dar la tarea por concluida e incluso permitirnos un delirante minuto final de fabuloso barullo psicodélico, como si la aguja del tocadiscos hubiera perdido súbitamente el juicio. Llevamos una década ya comprobando la destreza de estos dos muchachos lánguidos, espigados y desgarbados, pero seguimos sin dar crédito. Son tan fantásticos que parecen venidos de otro planeta.
Pero dejémonos de elucubraciones extraterrestres y concentrémonos en el viaje por este túnel de tiempo que no encontraremos en ningún parque de atracciones. Comprobemos que 2 or 3 y su introducción de flauta travesera provienen del pop barroco, imaginemos a Alex Chilton canturreando Nothin’ but you, preguntémonos cómo es posible que no figure la firma del Paul McCartney más cabaretero detrás de Gather round, que en el tramo final desemboca en un festín de metales ante el que, como si el Sargento Pimienta acabara de descender de los cielos, solo queda arrodillarse.
Y así todo, señoras y señores. I just can’t get over losing you podría asomar por alguna escena de A hard day’s night, Fire and gold anticipa la llegada del AOR más tierno y azucarado y, llegados a la página de Brian Wilson, podemos escoger entre la balada extraordinaria (Mean to me) o la estela del surfeo que señala Bring you down, una suerte de prolongación de Surfin’ safari que esconde, por cierto, su buena dosis de reivindicación y mala baba proletaria: “Van a coger mi trabajo y dárselo a una máquina de metal”, refunfuña Brian D’Addario en un tenue indicio de que, en algún momento del día, escucha las noticias correspondientes al año 2026. No se preocupen: apenas tres minutos más tarde, I hurt you nos coloca en la tesitura de un Colin Blunstone que hubiese dado ya carpetazo a los Zombies.
Look for your mind es así: una anacronía inaudita. Un sueño evanescente, pero real. Una absoluta maravilla.
Buenos dias! Fernando, hace días que estaba deseando leer tu comentario de este disco. Ya voy por la cuarta o quinta escucha y alucino de lo que son capaces estos chavalillos. Como siempre, después de leerte, volveré a escucharlo esta tarde o noche porque siempre me suenan mejor todavía los discos. Muchisimas gracias!!! Estratosféricos los Lemon Twigs y estratosférico el trabajo que realizas!
Son maravillosos los Twigs, en efecto, Jordi. Y muchas gracias a ti por la generosidad en tu comentario
Hola Fernando! Estaba esperando el fin de semana para leer tus reseñas y esta, puntualmente, la esperaba en especial.
Otro gran disco de los hermanos maravilla, una gran continuación del anterior, aunque con algunas diferencias. La última canción me dejó pensando… será un anticipo de lo que podrá ser un cambio hacia una mayor psicodelia en el próximo disco? Con el ritmo de trabajo que tienen y lo prolifico que son, seguramente el año que viene nos enteremos!
Me sigue sorprendiendo la calidad compositiva que tienen, ojalá que la mantengan por muchos años.
Como siempre, tus reseñas son una maravilla para los que no imaginamos una vida sin música.
Un fuerte abrazo,
Ale.
Qué ameno y enriquecedor leeros a todos en torno a los Twigs. Ese último corte, «Your true enemy», es en efecto loquísimo, sobre todo su final. Pero la psicodelia no es ajena al lenguaje de los hermanos. Incluso estaba bastante presente en el segundo álbum, «Go to school» (2018). Veremos por qué dirección se decantan, aunque siempre dejan la sensación de que lo saben hacer todo bien 🙂