Puede que su nombre aún esté lejos de popularizarse entre el gran público, pero Altın Gün se ha ido asentando en poco más de un lustro como una de las grandes sensaciones en la (seguramente mal llamada) world music, sobre todo porque el latido de la música tradicional turca es algo más que irresistible y porque el emplazamiento del ahora quinteto en Amsterdam facilita la logística y el acceso a los circuitos informativos y promocionales occidentales. A la altura de este Garip (“Extraño”), sexto trabajo de estudio en apenas ocho años de actividad, la proyección de la banda que lidera el cantante Erdinç Eçevit se antoja ya felizmente imparable. Y lo curioso es que ese ascendente expansivo sucede con un álbum en el que los Gün aparcan la composición propia y dedican el repertorio íntegro al legado de Neşet Ertaş, un ídolo absoluto en la región de Anatolia y uno de los folcloristas más importantes que ha conocido Turquía a lo largo del último siglo.
Inspirado, comprometido y de vida próspera, Neşet (1938–2012) se erigió en un virtuoso mundial del bağlama, el instrumento tradicional de cuerda pulsada que en castellano conocemos con más frecuencia como saz. El legado de este folclorista se sustancia en no menos de una treintena de álbumes y varios centenares de canciones, popularizadas por él mismo y por sucesores como Bariş Manço o Selda Bağcan. Lo llamativo ahora es cómo Altın Gün reinventa de manera drástica (y fabulosa) esa materia prima para arrimarla a su sonido cada vez más característico, a caballo entre el groove y la psicodelia. Porque al hechizo absorto de las grabaciones originales se le inyecta ahora la savia renovada de los arreglos de cuerda orientalizantes, los metales impetuosos, las guitarras wah wah, el órgano y los suntuosos colchones de sintetizadores en los momentos más etéreos y baladísticos.
Nadie pensaría que la banda trabaja con piezas originales que acumulan más de medio siglo, porque el resultado es vivísimo. Pero ahí están Eçevit y sus cuatro aliados neerlandeses para ensanchar los hallazgos de psicofunk que en la década de los setenta ya formularon el mencionado Manço o el apabullante Erkin Koray. Y para que un repertorio añejo, tradicional y remoto pueda resultarle seductor a cualquier oyente occidental con un mínimo de curiosidad, espíritu aventurero y familiaridad con la psicodelia de medio siglo atrás y con las enseñanzas más recientes del dream pop.
Todo es así de cautivador, y quien no lo crea puede corroborarlo a partir del muy eléctrico y casi rockero primer corte, Neredesin sen. A partir de ahí, dejémonos llevar por las evocaciones de la Costa Oeste, los ecos del ideario progresivo, las baladas de sustento sintetizado (Biz nazar eyeldim) y hasta invitados especiales tan insólitos como la guitarra slide que nos mece contra todo pronóstio en Gel kaçma gel.
Tras la renuncia de su segunda cantante, la encantadora Merve Dasdemir, que ha preferido abandonar el barco para emprender carrera en solitario, Altın Gün bucea más que nunca en su pasado para exhibir, por paradójico que parezca, su perfil más contemporáneo. O quizá, el más atemporal. Incluso Benim yarim parece un delirio empastillado, mientras que Zülüf dökülmüs yüze enfila el terreno de la experimentación cruda. Hay mucho que escudriñar y diseccionar en este Garip, pero ya una aproximación más epidérmica sirve para apuntarse el nombre de Altın Gün en la memoria de acceso rápido.