Puede que en su momento no fuéramos del todo conscientes, pero las Bangles representaron hace ahora cuatro décadas un pequeño gran terremoto para los cimientos del pop anglosajón. Solo con la perspectiva de los años hemos ido cayendo en la cuenta de la singularidad y valentía que encarnaba aquel cuarteto íntegramente femenino en un mundo aún mucho más dominado con brazo férreo por el patriarcado que el actual, que no lo está poco (y en el que el peligro de la involución en el gremio musical, como en tantos otros frentes, también lo ensombrece todo).

En contraste con todas aquellas dinámicas viciadas, costumbres inquebrantables y adversidades de toda condición, las hermanas Vicki y Debbi Peterson, la bajista Michael Steele y la impagable Susanna Hoffs eclosionaron con espíritu resuelto desde la escena garagera de Los Ángeles, donde se autoprodujeron y financiaron las primeras grabaciones. Asombrémonos ahora, con la perspectiva adecuada: en menos de un lustro ya dominaban las listas de éxitos de medio mundo y hasta disponían de una canción inédita de Prince (Manic Monday, bajo el ridículo pseudónimo de Christopher), regalo personal del genio púrpura, para que el reinado de las muchachas fuera todavía más incontestable.

El sueño duró más bien poco, porque las rencillas internas son casi consustanciales a los colectivos tocados por la varita mágica del reconocimiento multitudinario. Pero los ocho años transcurridos desde el primerísimo single, aún bajo el nombre de The Bangs, hasta la disolución (luego no definitiva) sobrevenida tras el tercer álbum son un raro ejemplo de alineación de planetas. La magia aconteció encima del escenario, en las listas de éxitos y en la huella de un repertorio que hoy asombra incluso más que entonces. ¿Cómo pudieron encadenarse episodios tan rutilantes y duraderos como Hero takes a fall, Manic Monday, Walk like an Egyptian, If she knew what she wants, Hazy shade of winter, In your room o Eternal flame, por no hacer la lista demasiado prolija?

Watching the sky testimonia ahora todo aquello en forma de caja antológica de cuatro cedés, la primera vez que la carrera de nuestras Brazaletes recibe tan distinguido tratamiento. Los tres primeros discos están consagrados, claro, al trío de elepés de la época, All over the place (1984), Different light (1986) y Everything (1988), diseminados en el tiempo con precisión cartesiana y complementarios entre sí, aunque puede que el debut, el relativamente menos divulgado de la colección, nos parezca hoy el más brillante de todos. Y para el cuarto llegan las curiosidades, extravíos, golosinas, rarezas y demás grabaciones colaterales que, en su inevitable disparidad, son aquellas sobre las que el oyente más curioso se lanza en trompa.

El tercer álbum, el de Everything, no incluye ni un solo corte extra, a diferencia de All over the place, que aporta alguna cara extra y la maravillosa cara B Where were you when I needed you, lectura de The Grass Roots; y de Different light, donde obtenemos el complemento de alguna versión extendida y de dos canciones en directo enlazadas, Walking down the street junto a James (es la única grabación en vivo de toda la caja, lo que sin duda sabe a poco). Pero para la cuarta entrega, subtitulada Remixes & versions, quedan todas las curiosidades, que no son pocas ni poco sabrosas. Sobre todo los siete primeros cortes, que comprenden el single inicial como The Bangs en 1981 (Getting out of hand / Call on me) y el EP de cinco canciones Bangles, de 1983. Son siete piezas magníficas, fresquísimas y poco divulgadas, todas con un aire más desenfadado, espontáneo y agreste de lo que luego sería el sonido definitivo del grupo. Un regalo para los oídos y un complemento indispensable para comprenderlo y contextualizarlo todo.

Y luego, el aguinaldo de las versiones acortadas para el formato single, las mezclas alternativas (¡o a capela, con Walk like an Egyptian!), las curiosidades (Hazy shade… en formato Shady haze, esa «neblina confusa» que evoca cuelgues y fumeteos) o, por contarlo todo, la medianía de ese Bangles hit medley mix que aporta un cuarto de hora de popurrí bastante tontorrón. Una anécdota, en todo caso. Las Bangles luego resurgieron en el nuevo siglo con otros dos álbumes entre poco y muy poco divulgados, Doll revolution (2003) y Sweetheart of the sun (2011), que bien merecerían otra revisión, porque encierran cosas magníficas. Pero esa sería ya otra historia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *