Qué importante, siempre, la resistencia. Blanca Altable y Jesús Enrique Cuadrado, alias Chuchiguitarra, dedican su tercer trabajo como dúo “a ti, que escuchas y compras discos”: como si fuéramos una especie en extinción, y como si los propios intérpretes se sintieran bichos raros en un universo donde nadie espera un trabajo esencialmente instrumental, que alterna las composiciones propias y las recreaciones de muy añejas piezas tradicionales y que, en esencia, apuesta por un adusto dúo de guitarra acústica y violín. Todo ello sucede en Universo y lo define, casi como en una versión a la castellana de lo que fueran aquellos celebrados y hermosos mano a mano entre el violinista escocés Alasdair Fraser y la violonchelista californiana Natalie Hass. Y qué cosas tienen la intuición y la memoria musical, incluso la sepultada bajo varias capas de sedimentos, porque Hass protagoniza en varios cortes una de las colaboraciones más reseñables para apuntalar y amplificar el discurso sonoro de Blanca y Chuchi.
Es ya el tercer trabajo de este tándem encantador y mucho menos representado de lo que deberían tanto en los escenarios como en las conversaciones de la afición. No les colocábamos en la estantería desde los ya lejanos Mayo (2011) y Tyto Alba (2016), pero este Universo supone un salto cuantitativo y cualitativo no diremos que cósmico, por afianzarnos en el mismo campo semántico, pero sí sustancial y riquísimo en belleza y finura (escúchenlos mano a mano, sin más maquillaje ni revestimientos, en Ababubebé y despejarán toda duda). Un trabajo, además, ambicioso en lo estructural: sus 13 cortes, a modo de estrellas, se distribuyen en tres grupos o constelaciones llamadas Esencia, Camino y Raíz, con una duración total superior a una hora (una eternidad, ya saben, para los parámetros algorítmicos y tiktokeros) y agrupadas por sutiles criterios estilísticos. El primer tercio es el de las piezas más desnudas y nucleares, el segundo incorpora una mayor elaboración e instrumentación y el tercero mira hacia las herencias ancestrales, puesto que sus cinco piezas son recuperaciones de bailes, rondas y demás melodías del pueblo.
Todo el proceso aconteció en los estudios palentinos de Eldana, en el municipio de Dueñas, corazón de esa vieja Castilla vaciada, ignorada y, pese a todo, cargada de significados, historia, raíz y simbolismos. Y por allí cursaron visita no solo la mencionada Haas sino también el madrileño Jaime Muñoz, a quien siempre asociaremos con La Musgaña y que aporta aquí y allá su colección de instrumentos de viento: el clarinete, ante todo, pero también flautas, gaitas charras, whistles, cornamusas o bansuris.
Esas distintas capas superpuestas acaban sumando y emocionando en un disco de progresión creciente y sonido cada vez más embaucador, un trabajo de folclor con mirada contemporánea que ya íbamos echando de menos porque reivindica lo viejo y lo actualiza, revive y resignifica sin necesidad de invocar a la electrónica, una opción tan legítima y atractiva como en los últimos tiempos recurrente. Ojalá Chuchi y Blanca sigan encontrando motivador este viaje y no precisen de otra larga década para retomarlo.
Gracias 🙏🏻❤️
Alegraste nuestro día.
Un abrazo,
Blanca
¡Qué bueno! Saludos y felicitaciones 🙂