¿Qué lleva a un artista internacional de primer orden, un tipo joven que se ha acostumbrado a llenar pabellones y estadios por medio mundo, a invertir casi 10 años entre un trabajo discográfico y el que lo ha de suceder? He aquí el principal interrogante que plantea The romantic, un álbum tan encantador como ligero, incluso ligerísimo, en el que el ídolo hawaiano se entrega a las canciones de amor de aroma clásico y canónico con un fervor tan irresistible como evanescente: si alguien pensaba que el firmante de Grenade, Finesse o Versace on the floor estaba tomándose su tiempo porque se traía entre manos un proyecto mastodóntico, la respuesta es un trabajo sencillo, liviano e indisimuladamente retro que incluye nueve títulos escuetos y se despacha en muy poco más de media hora. No olviden presionar el botón de «Repetir todo», porque uno de los álbumes más esperados de la temporada se nos esfuma de entre las manos en un vuelo.
Sí, ya sabemos que a nuestro viejo amigo Peter Hernández no le han faltado ocupaciones a lo largo de esta década transcurrida desde su arrollador 24k magic (2016), un álbum pintón y bailable hasta las trancas que le reportó un aluvión de premios Grammy y una agenda mundial de conciertos solo tan extenuante como la de Ed Sheeran. Lo mejor de todo sucedió en 2021 con su álbum a medias con Anderson .Paak, An evening with Silk Sonic, que parecía una puntual mirada joven al pasado que al final ha resultado ser el mejor indicio de lo que ahora Hernández/Mars nos coloca entre las manos. Si en 24k magic había atisbos electrónicos y callejeros, ramalazos de producción contemporánea y coqueteos con las nuevas tendencias urbanas, la referencia más moderna que encontraremos en The romantic es al Philly soul de los años setenta. Y de ahí hacia atrás, con miradas hacia La Habana y el chachachá (Cha cha cha es el título del segundo corte, para evitar cualquier ambigüedad), o incluso despliegue de mariachis para Risk it all, el rutilante corte inicial: todo un manifiesto de amor por la vieja escuela.
Así transcurren los acontecimientos en estos 31 minutos fugacísimos, en efecto. Mars canta al amor sin pliegues ni ambages, sin importarle incurrir en tópicos ni frases mil veces escritas y entonadas por los ídolos juveniles desde la década de los cincuenta. The romantic es una reivindicación de lo demodé en la que el juego consiste a menudo en determinar las influencias, aunque estas suelen ser de una nitidez casi flagrante. No se sobresalten si en algún momento creen que se ha subido como polizón Carlos Santana, porque su influencia en los toques latinos y algunos solos de guitarra es clamorosa. Y maticen la célebre cantinela que nos presenta a Bruno como el heredero natural de Michael Jackson: la obsesión sigue intacta, pero I just might, el contagiosísimo primer sencillo, apunta mucho más hacia el niñito de los Jackson 5 que al artista arrollador de Thriller y Bad.
No hay nada de malo en todo lo expuesto, que conste. Bruno ha lidiado con su crisis de los cuarenta echando la vida hacia atrás y decidido a buscar en las viejas y auténticas esencias del soul, r’n’b, funk y demás recetas inapelables. Sucede, eso sí, que seguimos sin entender por qué este manifiesto de amor por los grandes-sonidos-de-siempre ha tardado una década en salir de su cuartel general. Quizá tanto él como nosotros nos habríamos merecido un retorno menos demorado y más generoso.