A Courtney Barnett no parece haberle convencido del todo el aire más absorto y contemplativo que quiso imprimir a su tercer álbum, Things take time, take time (2021), un título que resultó ser premonitorio: nunca la merecidísima nueva diva del indie-rock australiano había tardado tanto tiempo como ahora en completar una entrega discográfica. Su regreso constituye una vuelta a las andadas también desde su propio enunciado, esa “Criatura de costumbres” que certifica desde el primer momento su empeño por retomarle el pulso a ese indie-rock crudo y descarado, algo desgarbado y chuleta, que la hizo inconfundible e irresistible desde el primer día, cuando el fabuloso Sometimes I sit and think, and sometimes I just sit (2015) se hizo hueco en nuestras entanterías. Puede que los años (y los productores, pues hasta cuatro diferentes confluyen aquí) la hayan vuelto más refinada, pero basta escucharle el prolongado solo de guitarra crepitante con que cierra One thing at a time, en la más pura escuela del viejo Neil Young, para comprender que la fiera del rock de Sydney sigue sin ser nada fácil de domesticar (y ni falta que hace).

La principal novedad en Creature… proviene, en último extremo, del tono más confesional y autobiográfico que adquieren sus canciones, reflejo de una temporada de cambios personales con el suficiente calado como para que dejen huella en la obra artística. Por un lado, Barnett echó el cierre a su discográfica propia, Milk! Records, donde entre un buen puñado de artistas también grababa su exnovia, Jen Cloher. Y por si fuera poco, cambió su residencia de Melbourne a Los Ángeles, una mudanza de miles de kilómetros que no debe de resultarle sencilla a nadie. De ahí que haya un buen contenido de autoevaluación, indecisiones, inseguridades y desazones, sobre todo en la primera parte del álbum, mientras que la cara B alberga un espíritu más redentor y luminoso, un aldabonazo de amor propio que recorre la distancia entre la punzada venenosa de Mantis y el final soleado y venturoso que encarna Another beautiful day.

Ese equilibrio entre las dos mitades del elepé, como un regreso temático a la liturgia mecánica de levantarse a darle la vuelta al vinilo, también se advierte en los epicentros. En la cara A destaca la agridulce Site unseen, excelente mano a mano con Waxahatchee, otra de esas gloriosas herederas del espíritu de Chrissie Hynde. En el otro lado del disco, también justo a la mitad del minutaje, surge la inesperada Same, con su aire de pop grácil y sintetizado: una sorpresa gozosa.

Barnett no aspira esta vez, quizás, a sacarnos de la zona de confort. Pero recuperar su aliento es una de las grandes noticias de esta primavera.

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