Entre los pequeños grandes acontecimientos que nos está brindando este 2026 tendremos que hacer hueco, sí o sí, a este álbum encantador y, sobre todo, inesperadísimo, teniendo en cuenta que la banda firmante (en realidad, bien es cierto, el pseudónimo de su creador) llevaba 15 años sin estampar su nombre en ninguna portada. Tres lustros exactos después de Breaks in the armor, el artefacto favorito de ese geniecillo disperso llamado Eric Bachmann regresa a sus mejores días con un cancionero con el que reivindica toda su sabiduría y señas de identidad: rock alternativo, unas gotas de americana, mucho ingenio y hasta algún amago de humor vitriólico. El resultado es muy notable y absolutamente reivindicable, aunque quienes busquen melodías fáciles de memorizar tendrán que esperar, como podíamos prever, a mejor ocasión.
Ante todo, que nadie se desasosiegue con sus conocimientos de inglés. El título, Swet deth, es una derivación en forma de doble falta de ortografía de Sweet death (“Dulce muerte”) y proviene de un dibujo escolar del hijo de Bachmann, la pintoresca ilustración que ha terminado ocupando la portada de este regreso. Puede sonar a un alarde de humor negro, y en el imaginario de Bachmann no sería de extrañar. Pero el viejo y redivivo compositor de Athens (Georgia) habrá pensado que la imagen también servía para enfatizar la idea de renacimiento, un concepto que afianza con una nómina notabilísima de invitados ilustres.
En ese sentido, en efecto, Swet deth es una gran fiesta de celebración. Relegado a un papel muy secundario en la última década, como integrante de la banda en directo de Neko Case, Eric refrenda la vigencia de su figura convocando al fundador de Superchunk, Mac McCaughan, en el tema inaugural, el rockero Cold waves, mientras que la inconfundible cantinela de barítono de Matt Berninger (The National) enriquece From all ways y una soberbia Sharon Van Etten carga de hondura y trascendencia Haunted.
Con todo, hay títulos con menos galones que adquieren un significado más personal. El cierre, Steady now, es un encantador acercamiento a la balada a quemarropa a partir de la guitarra acústica, pero enriquecida con una dosis de pedal steel. Y hay un par de cortes que entroncan con una dolencia cardíaca que a punto estuvo de retirar para siempre a Bachmann de la circulación durante el otoño pasado. Spray tan speed queen (In a German car) se refiere al infarto y todas las secuelas de miedo e incertidumbre que deja un episodio tan grave, mientras que Insomnia alude al problema crónico que arrastra el autor y que seguramente contribuyera a los achaques de salud. Y a su vez llena de un significado aún más intenso, simbólico y vitalista esta vuelta a las andadas.
Quienes no descubrieran en su momento álbumes como Dignity and shame (¡una fantasía de 2005 en torno a la figura del torero Manolete!) o Forfeit/Fortune, en 2008, pueden quedarse atónitos con el talante de un hombre amigo de la solemnidad lúcida y del arte de contar historias. Y los que le habíamos seguido y admirado entonces ya casi nos habíamos olvidado de él, así que el reencuentro se convierte en una noticia felicísima.