Sin duda uno de los grandes hallazgos de este 2025 ya a estas alturas extinto, Folk Bitch Trio es una banda adorable por el primer fruto musical de larga duración que nos regala aquí, pero también por todas sus connotaciones y circunstancias: un trío femenino llegado desde las antípodas, rebelde y enternecedor a la vez, eléctrico y acústico de manera indistinta, provocador desde su mismo nombre (una ocurrencia de primera magnitud) y gozosamente reivindicativo de un mundo más feminista, diverso e inclusivo, aunque este mundo repelente haya decidido avanzar hacia el abismo justo en la dirección contraria. Asumamos este Now would be a good time, que nos llega con remite de Melbourne, como un escenario alentador y seguro, un remanso de belleza (a veces incluso en la cruda belleza a capela de I’ll find a way to carry it all) que necesitamos para conservar la fe en la especie humana frente a tantos envites de la mezquindad y la podredumbre. 

Amigas desde los tiempos de la facultad, Jeanie Pilkington, Heide Peverelle y Grfacia Sinclair se presentan como vértices bien diferenciados, pero complementarios, para dar forma a este trío de Zorras Folk. Y que nadie se lleve las manos a la cabeza: basta con ponerse las pilas, abrir la mente y disfrutar de un menú adorable, envolvente y esclarecedor en el que la primera aporta el bagaje de unos padres músicos que llenaron sus estanterías de discos de Lucinda Williams, la segunda ejerce de amante del pop clásico y Sinclair deja traslucir amores tan contrastados como la ópera, Nirvana y Patti Smith. Difícil en estas circunstancias no pensar en la fabulosa superbanda en clave femenina que es Boygenius, aunque por el altavoz de la sala de ensayos nos imaginamos largas tardes de escuchas a otras mujeres como The Roches, las suecas First Aid Kit o las siempre añoradas canadienses Kate & Anna MacGarrigle, todos ellos ejemplos fraternales de buena concordia melómana y entendimiento a la hora de explayarse frente al público.

Entre las tres australianas redondean un repertorio dulce pero no cándido, enriquecido por esas frecuentes polifonías triples que arrojan momentos de belleza irrefutable (Foreign birdThe actor) e incluso pequeños relatos de intriga, como la mujer despechada que no logra conciliar el sueño en Hotel TV, que bien podrían inspirar un capitulazo en alguna serie de éxito. 

Produce el ilustre Tom Healy (Tiny Ruins), mientras que el violín (y también la voz) de Anita Clark sirve para reforzar un prodigio a cámara lenta como That’s all she wrote. Nuestras Folk Bitch pueden resultar a ratos agridulces, pero este estreno discográfico avala nuestras ansias de verlas sobre las tablas y aguardar nuevas aventuras tan excitantes y desprejuiciadas como estas.

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