Entonces ni lo sabíamos ni podíamos imaginarlo, pero cuando en 2024 nos entregó Sam Bean su adorable Light verse también había tenido tiempo de grabar en esas mismas sesiones otras 10 canciones que se guardó en la guantera un par de temporadas hasta regalárnoslas ahora como una prolongación más complementaria que clónica de lo que le escuchamos dos años atrás. Puede que muchos seguidores del barbado trovador que opera desde principios de siglo como Iron & Wine encuentre este cancionero más melancólico, oscuro y ensimismado que el precedente; y, sin negarlo, conviene advertir que la ternura y la exquisitez siguen teniendo más peso que cualquier otra circunstancia anímica. Cualquiera que se sumerja en el paraíso acústico de Paper and stone –conducido por guitarras de porcelana, un violín somnoliento y un manto de voces etéreas que parecen llegadas desde el cuartel general de Sufjan Stevens– podrá comprender que a este disco no se llega para penar, sino parece dejarse mecer.

Los temores ante un álbum más áspero parecen alentar esa pegatina que destaca de manera ostensible la presencia en dos cortes de las angelicales I’m With Her, tres muchachas que quintaesencian la fragilidad folk en la ágil y soberbia Robin’s egg, además de amplificar el sosiego empático que alienta la bellísima Wait up. Hablamos de un compositor que ejerce desde la humildad y el recato del que le dota esa voz fina, cálida y menuda, pero que demuestra (¡una vez más!) una pericia superlativa en la escritura.

Bean juega casi siempre en otra liga, y de ahí que el comienzo del disco con Roses nos traiga en su primer tramo a Don McLean a la memoria. Igual que Grace notes, con el llanto de violín y esas notas escuetas de piano, deslizadas como el que asiste a los albores de una lluvia tímida, plasma en cinco minutos todas las constantes estilísticas de su trabajo previo. Y Defiance, Ohio amaga con brasileñizar –entre el ritmo y la eclosión de cuerdas– las esencias del Medio Oriente yanqui.

In your ocean arranca en estribillo, para mayor excitación de nuestras entendederas, mientras que la ralentización y la quietud que emanan de los dos cortes finales, Dates and dead people y Half measures, son cualquier cosa menos disuasorias. No hay nada que temer y sí muchísimo que disfrutar en este regreso aplazado de Sam Bean, que además procede al ritual de presentación en sociedad de su hija, Arden Beam, en unas segundas voces que siempre han resultado imprescindibles en su manera de entender la escritura.

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