No hay que conocer en persona al compostelano Luis Fercán para intuir que nos encontramos ante un ser humano intenso e hipersensible, una de esas personas que gozan y sufren hasta las entretelas mismas del alma en función de que la fortuna se vuelva propicia o esquiva. Puede que esos vaivenes emocionales supongan un desgaste para quien los experimenta en primera persona, pero el discurso musical y narrativo de Fercán se enriquece con esa capacidad para la emoción epidérmica, para el pelo erizado ante los primeros estímulos de disfrute o dolor. Y esa ambivalencia sirve como hilo conductor casi invisible en Cerezos en flor, este cuarto trabajo del trovador gallego, un amante indisimulado de la belleza (y qué más hermoso que un árbol frondoso y florecido) que se alinea a cada poco con la congoja y no quiere ni sabe disimular sus aflicciones.
Fercán, hombre de vida casi nómada, no es muy convencional tampoco en la parte artística y, aun siendo cantautor, se aleja de las connotaciones clásicas del término y parece más alineado en esa nueva sensibilidad que allá afuera podemos asociar con el estadounidense Justin Vernon (Bon Iver) o el esquivo irlandés Damien Rice. Y dentro del panorama patrio, seguro que se ha alimentado con buenos bocados a la discografía de Quique González, aunque el hecho de que repita con la magnífica producción de Nacho Mur (La Maravillosa Orquesta del Alcohol) y que su voz sea no menos áspera y quebrada que la de David Ruiz permite en más de una ocasión asistir a un espejismo sonoro muy curioso: algunas canciones de Cerezos… se encuentran más cerca de discos anteriores de los burgaleses incluso que San Felices (2025), la más reciente entrega de La MODA.
Luis parece vivir con pasión inusitada tanto las eclosiones amorosas como sus embarrancamientos, un énfasis que le hace atractivo y, puntualmente, también desaforado. Mur acierta de lleno con ese envoltorio cálido y espacioso; natural, frondoso y siempre escorado hacia lo acústico. Fercán es un férreo partidario de la memoria, la ausencia y el testimonio crudo: todos cuantos hayan pasado por trances similares (¡quién no!) buscarán algún verso con el que identificarse.
«Hoy sentí la luz de aquel verano acariciándome la cara en este invierno hostil», de la espléndida Me estoy contradiciendo, es elocuente y bella, pero demasiado extensa. Por eso quizá la de «Hoy (que) me ha costado más vivir que imaginarte» (Esta vez) sea más propicia para pasar por el departamento de serigrafía.