Ante todo, y para los más despistados, unos rudimentos de cultura popular que nunca vienen mal. Sarah Connor es la protagonista femenina en la saga cinematográfica de Terminator, aquella camarera joven que sin haber alcanzado apenas los 20 años tiene que que lidiar con el androide que daba título a esta serie cinematográfica. No es difícil, por tanto, descodificar el sentimiento que late tras estas 11 canciones, el empeño de Nat Simons por primar lo orgánico y real, el valor de la comunicación y la química entre interlocutores de carne y hueso, frente a la hierática frialdad de esa tecnología que parece empeñada en opacarnos hasta el don de la palabra. Y algo debemos de estar haciendo francamente mal, en el momento presente de la historia, cuando este discurso de insumisión o desasosiego frente a los ciberpoderes se multiplica desde las voces artísticas más diversas.
A Natalia García Poza nunca han parecido importarle los cambios vitales y, por extensión, los giros de guion artísticos, pero Pregúntale a Sarah Connor termina siendo un álbum de naturaleza inesperada. La mujer que en 2018 puso rumbo a Carolina del Norte y se amigó con Gary Louris (The Jayhawks) para explayarse con su amor por los sonidos calmos, íntimos y profundos del americana, todo ello en impoluto inglés, ya había exhibido un sonido crudo, guitarrero y feroz en la era de Felinas (2021), un álbum de uñas afiladas. Ahora, asentada ya del todo con la expresión musical en la lengua materna –que es lo suyo–, aboga por el pop-rock más franco, directo, espontáneo y expansivo, un derechazo directo al mentón de la memoria auditiva. Un intento bien loable y nada disimulado por consagrarse en un rock de autor rico en tarareos y estribillos. Melodía popular de la de toda la vida, chisporroteante y ajena a los circunloquios, pero con una aproximación temática que es hija directa de estos tiempos perros.
En un momento en que a Luz Casal se la condecora con marquesados insólitos (y, por qué no, merecidos), el alias artístico de García Poza se afana por continuar una estela que no parecía contar con demasiadas partidarias entre las creadoras jóvenes. Simons acaba de incorporarse a la cuarta década de vida, así que no tiene por qué andarse con rodeos ni disimulos, sino refrendar su valía para el exitazo potencial (Alain Delon es tan comercial, al menos sobre el papel, como perfecta), el dúo sin titubeos (en Nieve en el desierto sale tan bien parada ella como su invitado de excepción, Depedro), la tenue nostalgia de los años chicos (Delorean), la posibilidad cierta de las buenas compañías (Haces que mi mundo sea mejor) o la ligera pátina acústica que se afianza con Efímero, quizá el único momento en que parece cobrar pleno sentido el hecho de que Nat se marchase hasta Nashville para esta quinta grabación.
Simons no titubea, así pues, en ese reforzado gusto por el rock de mujeres, por la traslación a la lengua castellana del espíritu de Chrissie Hynde de una manera que quizá solo se había evidenciado cuando Aurora Beltrán volaba alto al frente de Tahúres Zurdos. A la cordobesa Vega seguro que también le habrá agradado Pregúntale…, pero es curioso que el flanco de ese pop-rock de toda la vida estuviera tan descubierto.