En la vida hay muy poquitas cosas seguras, y menos aún en el mundo de la creación artística, pero por esta vez podemos permitirnos un pronóstico con un alto grado de fiabilidad: si quieren saber el nombre de una de las bandas de rock en español a las que más van a escuchar y de las que más les van a hablar en estos meses, no pierdan de vista a los polacos. Este quinteto nacido hace ocho años en el barrio madrileño de Malasaña, aunque con procedencia levantina, no solo ha logrado escribir canciones redondas, adictivas y tarareables, sino que miles de chavales han crecido coreándolas como auténticos himnos. Y todo ello, llamando a las cosas por su nombre. Sin pelos en la lengua.

Un cantante alicantino de padre polaco y simpatizante del sindicato Solidaridad fue quien prendió la mecha e inspiró el insólito nombre de la banda. Álvaro Surma no ejerce a estas alturas solo como músico, cantante o letrista –¡que no sería poco!–, sino que carga sobre sus hombros con la responsabilidad sobrevenida de haberse erigido en algo muy parecido a un termómetro generacional. Porque pocos como él saben condensar en unas pocas líneas la frustración, la impotencia y la incertidumbre del mercado laboral, la carestía inalcanzable de la vivienda, el consumo de fármacos para paliar la ansiedad, la huida de lo cotidiano, el escapismo. También el encabronamiento o la furia. Lo suyo no son solo himnos, esas combinaciones de letra y melodía. Lo suyo son, más bien, puñetazos en la mesa.

Cuando nacieron en 2018 nos cayeron simpáticos. Eran bullangueros, divertidos, alborotadores. Que adoren tus huesos (2023) era una consolidación evidente, pero aún no permitía intuir del todo las dimensiones del artefacto. Ahora no han perdido el empuje, pero cada vez se toman más en serio su oficio de contadores de historias. Y han elevado el tiro de sus melodías. En todos los sentidos. En el cuantitativo, porque, tras agotar cuatro noches las entradas en la madrileña La Riviera, ahora se han propuesto agotar localidades en el Movistar Arena de Madrid. Y en el cualitativo, porque ya no solo les inspira Madrid, sino las más altas instancias internacionales. Hasta el extremo de que este tercer y flamante nuevo elepé, ¿Dónde está la ONU cuando más la necesitas?, exhiba el título más pintoresco, heterodoxo y antiacadémico del rock en español de algún que otro lustro a esta parte.

Porque, a todo esto, ¿dónde han estado el pop y el rock españoles cuando más los necesitábamos? ¿Se había vuelto conformista –o timorata, o políticamente correcta– una parte de la juventud como para que no se filtrase nada del contexto económico, social y político en sus canciones? Niña Polaca sirve al fin como orgulloso contrajemplo, con el añadido de que el proceso de maduración personal y colectiva les ha llevado a un disco más, digamos, adulto. Y no, no tiene nada de malo ni de peyorativo: es un álbum de bienvenida a la treintena mientras que sus dos antecesores servían como testimonios sinceros de cinco chavales veinteañeros.

La honestidad brutal es la que lleva a pisar callos en CSI Alicante (imposible vivir en la España de 2026 y no sentirse identificado con muchos de sus versos, incluso desde la divergencia generacional) y a plantar cara con Policía – Hachís. Pero la conciencia nunca tuvo por qué estar reñida con la poesía. La banda ha aludido a las inspiraciones de Llach y Serrat en La codicia y capital de las fuerzas extranjeras, que bajo su apariencia de manifiesto socialcomunista (aunque no lo sea) encierra una melodía lindísima. La nostalgia se apodera de la muy hermosa Suena ABBA cuando enciendes el motor, una preciosidad sentimental que los padres de Surma, Kobbe, Beto, Ruba y Claudia habrían saludado con ondear de mecheros. Y el amor, con todo lo que está cayendo, aflora y hasta triunfa en Contigo, Bosque u Olvidarme de ti. Da igual que el amor sea vigente o pretérito: amor seguirá siendo, como el polvo enamorado.

En este país genuinamente cainita no faltarían, ni faltarán, quienes anhelen el tropiezo o, como poco, el traspiés. Niña Polaca ha sobrevivido al vértigo del disco-de-la-consagración con un gran salto. Más allá de que aún haya margen de mejora, y lo hay, la ONU va a ser uno de los grandes argumentos del año en la escena rockera patria (indie o no: eso es lo de menos). Seguro.

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