Parece el sueño inalcanzable por el que muchos llevábamos un cuarto de siglo suspirando, pero ahora, cuando ya habíamos renunciado a toda esperanza, acaba de convertirse en realidad esplendorosa. El espíritu del Pat Metheny Group más vertiginoso, adictivo y reconocible, esa banda jazzística hasta los tuétanos pero dotada de chispazo eléctrico y una radiante capacidad para la excitación, vuelve aquí por sus fueros después de que llevara tiempo sepultado en nuestras memorias. Más allá del bautismo enrevesado y algo hierático de esta aventura, tan poco propicio para memorizar y hasta pronunciar siquiera, este Side-eye III+ esconde el repertorio más cercano a Still life (talking) (1987) y Letter from home (1989) que el genio guitarrístico de Missouri ha concebido nunca. Y esa circunstancia, treinta y muchos años después de aquellos álbumes tan excitantes y adictivos, constituye ya una de las grandes noticias para el jazz que nos regala este 2026.
La fórmula del Side-Eye, con la batería de Joe Dyson y Chris Fishman convertido tras los teclados y el órgano en un émulo evolucionado del irrepetible Lyle Mays, había echado a andar hace cinco temporadas con una entrega en directo de título ya suficientemente embarullado, NYC (V1.IV), pero a partir de ahí Metheny había emprendido dos etéreas aventuras de guitarra solista, Dream box y MoonDial, y parecía alejarse nuevamente de su faceta más coral. Con estos 65 rutilantes minutos de nueva música, sin embargo, ejerce de manera fulminante el derecho al golpe de timón y la autoenmienda. Y la eclosión sonora es un escándalo para nuestro anhelante sentido del oído. El bajo de Daryl Johns es innegociable durante toda la obra, aunque su nombre no alcance honores de portada, vaya usted a saber por qué. Y al cuarteto de partida llegamos a unir hasta un total de 15 músicos adicionales, entre ellos el arpista Brandee Younger, el acordeonista Vincent Peirani, la percusión latina arrolladora de Luis Conde y una decena de voces celestiales comandadas por el gran Mark Kibble, de Take 6.
El despliegue corresponde, bien se ve, al de las grandes ocasiones. Y la presencia como productor ejecutivo del ilustrísimo Steve Rodby, el bajista del Pat Metheny Group de la época dorada, refrenda que nuestro deslumbrante maestro de pelos rizados no ha querido esta vez marcharse del estudio hasta tener debajo del brazo una obra maestra de la edad tardía. Metheny anda ya por los 71 años y sus entretenimientos acústicos de las últimas entregas parecían la asunción propia de un perfil más bajo y discreto, como si se sintiera más cómodo en el formato pequeño y entrañable. Side-eye III+ es todo lo contrario: eclosión y avalancha, mariposas en el estómago, evoluciones a tumba abierta. Y esa panoplia de voces sin palabras, como en los mejores momentos con Armando Marçal, Mark Ledford, David Blamires y Pedro Aznar, que se convirtieron en insignia adictiva para aquella manera asombrosa de acercar el jazz contemporáneo a un público más amplio sin bajar ni un ápice el listón de la exigencia.
La sensación que acaban transmitiendo estas ocho piezas extensas, casi todas entre los siete y 10 minutos de reloj, es la de reencuentro excitante. Don’t look down, por ejemplo, aprovecha sus 11 minutazos de viaje para partir del post-bop y acabar en levitaciones muy cinematográficas, mientras Make a new world llama a las puertas de las sonoridades brasileñas (otra seña de identidad básica en los tiempos del Pat Metheny Group) y asiste a un mano a mano apasionante entre el líder y el resto de la coalición. Y qué decir del corte inaugural In on it, con un motivo breve, rápido y endiablado de Metheny que huele a escala obligatoria para su nuevo repertorio en directo.
Como pasaba en los buenos tiempos del Group, pero también en aquel prodigio majestuoso e infravalorado que será siempre Secret story (1992), firmado entonces como Pat Metheny a secas, los cortes más extensos son los que terminan generando una sensación de mayor plenitud y vértigo. Y ninguno, en ese sentido, como Risk and reward, una especie de suite con pinceladas folkies que incluye en sus 10 minutos exactos más información que muchas bandas sonoras extensas. Quienes aún conservaran en la memoria composiciones como Minuano (six eight), Are we there yet?, The first circle (en este caso, del álbum homónimo de 1984) o la irrepetible Last train home revivirán ahora emociones propias de los grandes nudos en el estómago.
El Pat más genial, con espectaculares músicos
Tengo que decir una cosa muy importante, no he escuchado el nuevo trabajo. Sólo pinceladas en algún programa de radio.
¿Hay algún motivo? quizás si, desde la muerte y pérdida de Lyle Mays, no he sentido por parte de Pat, un reconocimiento claro hacia él.
Esperaba un trabajo dedicado a Lyle, a la unión y creación del PMG. Y no ves nada, te quedas consternado.
Mientras tanto un montón de temas dedicados hacia Lyle, comentarios, tardíos, y halagos reconociendo su valía y aportación, no solo al grupo, si no a la música.
Prometo escucharlo y escribir de nuevo para dar mis impresiones.
Muchas gracias por el artículo.
Arrutzi Nájera.
Escribe de nuevo cuando gustes, Arrutzi, desde luego que sí
🙂
Una gran noticia, cuanto lo echábamos de menos!!!!!