Frente a las recientes reediciones enriquecidas de algunos de los títulos más inapelables en el catálogo de Prince, generosa en el caso del celebérrimo Purple rain (1984) y absolutamente pantagruélicas si hablamos de Sign o’ the times (1987) y Diamonds and pearls (1991), convertidos en ambos casos en cajas de ¡siete! cedés con docenas de canciones inéditas, y no pocas de ellas sensacionales, la puesta al día de Around the world in a day (1985) como discreto y hasta tímido doble álbum se antoja demasiado prudente para los estándares que se estilaban en esa factoría estajanovista e infatigable de rock, soul, funk y rhythm and blues que fue Paisley Park.
Con todo, esta reedición solo moderadamente ampliada del séptimo álbum de Prince Rogers Nelson viene muy bien para redimensionarlo y ubicarlo en un lugar mucho más preponderante del que por lo general se la ha concedido. Porque Around… fue un álbum que Warner recibió como un jarro de agua fría tras el éxito inmenso y abrumador de su antecesor púrpura, esa banda sonora (la película era más bien infame, pero eso daba lo mismo) que estableció para siempre la disyuntiva entre Prince y Michael Jackson como el artista más brillante de la era.
Tampoco el gran público recibió con particular alborozo Around the world in a day, aturullado por su vocación psicodélica (y hasta orientalizante, en el tema titular) y a ratos más beatlemaniaca que negroide. Jugaban a favor, sin duda, las bazas de dos singles mayúsculos, Pop life y, sobre todo, Raspberry beret, pero las baladas Condition of the heart o The ladder empalidecían frente al recuerdo de Purple rain, por más que la segunda de ellas pretendía calcar sus patrones.
En puridad, este doble cedé no aporta material desconocido, pero recopila todas las caras B (Hello, la tremebunda She’s always in my hair) y versiones para los maxisingles de la época, rescata la aportación principesca al famoso álbum colectivo/solidario We are the world (4 the tears in your eyes, absolutamente reivindicable) e incorpora al formato digital la extenuante versión de ¡22 minutos! de America, que en su puesta de largo original para Around the world in a day ni siquiera llegaba a los cuatro. Ya entonces se le notaban las maneras de jam sesión despendolada, pero la eclosión completa es un inolvidable chorreo de sudor en el que tanto el Jefe como sus The Revolution se explayan a placer, disfrutan como niños y dejan claro que aquella máquina era incomparable cuando entraba en plena ebullición.
Ojalá queden más joyas en los míticos archivos del de Minneapolis, una circunstancia que, hasta donde sabemos, parece probable. En el contexto de unos fondos tan inabarcables, este doble Around puede sabernos a poco, pero contextualiza las rarezas de aquel disco y eleva su categoría y recuerdo, de apreciable (y osado) a casi, casi incontestable.
Me esfuerzo con Prince y aparte de Purple Rain, nada. Para mí este tipo es un one-hit wonder.