¿Quién iba a decirnos que volveríamos a tener entre las manos un nuevo disco de Radio Tarifa? Más de dos décadas después de Fiebre (2002), la anterior referencia fonográfica de esta fabulosa formación pionera en la integración de diferentes músicas de raíz, el milagro ha acontecido desde la humildad, el orgullo y el amor propio, por más que sea casi sotto voce y a través de un pequeño sello francés, como si la cosa, ay, no nos incumbiera por tierras ibéricas.
El prematuro fallecimiento hace 13 años del vocalista Benjamín Escoriza, que no había llegado a alcanzar su cumpleaños número 60, parecía echar el telón para siempre de esta aventura que gozó de renombre por medio mundo desde aquel primer álbum inolvidable, Rumba argelina (1993), que aún no hace mucho conoció una reedición internacional con todos los honores a cargo de la prestigiosa discográfica World Circuit. Escoriza tuvo tiempo de registrar dos álbumes en primera persona, pero la chispa de La noche prende a partir de la recuperación de la preciosa pieza homónima, que los tres radiofonistas originales –es decir, el propio cantante granadino y sus genuinos compañeros de fatigas, los multiinstrumentistas Faín S. Dueñas y Vincent Molino– llegaron a grabar en 2003 y había permanecido escondida desde entonces. Y a partir de ahí, a falta de un único vocalista de referencia, Dueñas dirigió las operaciones desde su pequeño estudio casero de Hamburgo para convocar a otros ocho cantantes; entre otros el propio Vincent, que sale bien parado de un reto nada frecuente en su currículo.
La noche se convierte así en un regreso cocinado a fuego muy lento, casi siempre desde la distancia y seguramente sin ánimo de reverdecer tiempos ya por desgracia irrepetibles, pero conserva y hasta sublima ese espíritu mestizo, ecléctico y multicultural que hizo de los Tarifa uno de los fenómenos más hermosos que conocieron los escenarios españoles durante la década de los noventa. La confluencia entre músicas flamencas y andaluzas, mediterráneas, árabes y sefardíes sigue presente en estas 14 piezas que, desde la disparidad, terminan dando forma a un rompecabezas muy bello. Y por el que asoman algunos nombres ilustres, en particular el de Eliseo Parra, que se da el gustazo de hilvanar coplas extremeñas y castellanas en Picaba en vano.
Otras figuras pasan de lo inesperado a la sorpresa agradable, sobre todo si reparamos en la otrora eurovisiva Blanca Paloma, aquí dejando un maravilloso sabor de boca con una composición propia de Molino, La niña del almendro viejo, y la polifonía medieval Quel sol che raggia. Nunca ha habido acotaciones geográficas ni temporales en esa confluencia de mares y culturas tarifeños, y de ahí que nos tropecemos con dos melodías tradicionales griegas, Ay ojos negros y Sabah, que Dueñas aprende e incorpora a partir de las enseñanzas de José González, un cantaor de Conil que ejerció durante una década como profesor en Atenas.
El mayor peso flamenco carga sobre los hombros del estupendo cantaor gaditano Javi Castrillón, una voz que desde Vejer de la Frontera también se convierte en radiofónica para Tarantos, Me preguntas y la Soleá del desamor. Y, por aquello de completar la radiografía, Juanmi Cabral (de La Banda Morisca) se incorpora con una soleá propia, Samai Sintigo, a partir de un ritmo irregular árabe. No sabemos si La noche tendrá continuidad, puesto que las circunstancias no son las más propicias, empezando por las logísticas. Pero incorporar este quinto trabajo a la colección de Radio Tarifa, tan lindo y dignísimo, tan cuidado y concienzudo, representa una noticia feliz que no figuraba en ninguna agenda de previsiones.