Entre las alianzas plausibles en el universo de la música popular, puede que la que hoy nos ocupa no figurase en ninguna quiniela ni le resultara sencillo de prever al más sagaz de los analistas en el entorno de la canción americana. Pero ahí los tienen, ejerciendo de extraña pareja (en su caso, de tres vértices): dos hermanos arraigados en la tradición folkie y las armonías prístinas, haciendo piña con el hombre que se sitúa al frente de Faith No More (¿cuántos millones de escuchas acumularán Easy o Epic?) y que también ha encabezado el mucho menos complaciente proyecto de Mr. Bungle. ¿Funciona? Casi siempre, sí. A ratos, de hecho, hasta extremos entre placenteros y adorables.

Como tantas otras cosas que suceden contra todo pronóstico, Patton, Scott Avett y Seth Avett no parecían tener nada en común, ni en lo estilístico ni en lo geográfico (la alianza nos obliga a establecer un inopinado puente aéreo entre California y Carolina del Norte), pero se profesaban una devoción tan recíproca como poco evidente. Ni siquiera existía una relación personal cimentada a lo largo de los años: el chispazo prendió a partir de una llamada, unas pocas conversaciones preliminares y un «a ver qué pasa». Y lo que sucede es que la intersección reporta momentos de gran hondura sentimental, más allá de que no funciona de manera homogénea. Este AVTT/PTTN a veces suena a Avett Brothers, otras se escora hacia Patton y solo en ocasiones puntuales genera una tercera vía para su discurso, con nutrientes estilísticos de sus dos dispares procedencias.

A nadie le habría extrañado, de hecho, que To be known o Dark night of my soul se hubieran deslizado en ese precioso álbum homónimo que supuso en 2024 el regreso de los Avett a la plenitud de forma, otra vez bajo los auspicios de su querido Rick Rubin. Con las mismas, el sutil crujido eléctrico de Heaven’s breath remite más al universo rockero de la costa oeste, con su punto de experimentalidad, ecos y evanescencias sonoras. Pero cuando avanzamos hacia ejemplos como Eternal love o Too awesome asistimos a la materialización de un cruce de caminos improbable, pero embaucador. Porque la voz áspera y a ratos desamparada de Patton contrasta con el terciopelo de los Avett y propicia un entendimiento casi esperanzador.

La alianza es tan reciente que AVTT/PTTN transmite una cierta impresión de trabajo preliminar, de primer contacto que puede servir para que sus tres protagonistas ganen en confianza, cojan carrerilla y emprendan aventuras comunes de más largo alcance. Hablamos de un álbum breve y exento de grandes ambiciones; casi un ensayo general, un punto de encuentro para unos amigos que se están descubriendo y sorprendiendo todavía de sus muchos elementos en común. Puede que el tándem no se convierta en prioridad para ninguno de sus impulsores, pero parece un maravilloso refugio frente a la tormenta, que diría el viejo trovador de Minnesota. Ojalá que lo sigan frecuentando y vuelvan a transmitir señales de esta sonora bonhomía.

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