Habrán de ser fascinantes y pintorescos esos azarosos caminos del destino por los que un cuarteto de Bristol puede acabar recalando en un pequeño sello indie de Reus (coaligado para la ocasión con otra factoría de pequeños artesanos vinílicos, Precious Recordings of London). Ahora bien: ¿qué es la vida, sino azar? Sea como fuere, esta insólita alineación de factores (¡o planetas!) nos permite conocer mucho más de cerca el trabajo de Kevin Bache, Katie Scafie y compañía, un cuarteto que bebe de la herencia de The Velvet Underground con una devoción que admite tan pocas dudas como disimulos. Y que redondea la fórmula clásica del elepé con 10 cortes, treinta y pocos minutos y ni un miligramo de grasa con una eficacia nada frecuente.

Supimos de esta formación abonada al ideario analógico hace menos de dos años, cuando su adorable Lazy travellers encontró acomodo en ese mismo catálogo tarraconense de No Aloha en el que habitan bandas tan poco mayoritarias como Casa das Feras, Carolina Otero o Islandia Nunca Quema. Lowlands varía poco los parámetros en cuanto a la formación canónica de batería, bajo y dos guitarras, predominio vocal por parte de Katie, mucho acorde rasgueado y punteos de pocas pero muy efectivas notas. Así escribían la historia Lou Reed y John Cale hace cincuenta y tantos años, sobre todo cuando Nico se incorporaba a la tripulación; así la apuntalaron dos décadas más tarde Robert Forster y Grant McLennan con The Go-Betweens desde el otro extremo del mapamundi y con parecida fórmula hemos conocido a Luna, por no hacer tediosa la enumeración. Aunque en Lowlands, el tema central, se les nota al fin el ascendente británico de una manera más nítida: podría ser un viejo corte de Everything But the Girl en el que a Tracey Thorn se le hubiese puesto la voz rasposa.

La eficacia de estos Sótanos Adorables es, en cualquier caso, muy digna de elogio. Esas canciones redondas y de encanto no instantáneo, pero sí envolvente, no fallan en su apelación al balanceo ligero y el ensimismamiento. Son miniaturas tan clásicas y bien talladas que sospechamos haberlas escuchado ya antes, aunque con la peculiaridad de que ahora sucede justo al contrario: apenas hay oportunidades de enfrentarse a elepés tan abonados al primor de la vieja escuela.

Desde los guiños al country alternativo (Barrabas, aquí sin tilde) al clásico recitado casi entre murmullos a la manera de Lou Reed que abraza Mostly wrong, todo abunda en la sensación de familiaridad pero también de cobijo. Entrados en exquisiteces, no se pierdan la sobresaliente Dust patterns, con el aderezo justo de polvo en su fórmula. Y reparen en otro detalle para amantes de la delicatessen: los Basement se han permitido el lujo de encargar la grabación de la voz de Scafie al mismísimo John Parish, habitual gurú de P.J. Harvey. No los dejen pasar por alto.

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