No tiene mucho de novedoso este subgénero de álbumes que rinden tributo a discos históricos desde el primero hasta el último de sus cortes, pero tampoco ha generado tantos ejemplos como para que pasen inadvertidos. A los dos elepés-que-homenajean–elepés más recientes, el muy inesperado Cunningham Bird con el que Andrew Bird y Madison Cunningham honraban el casi maldito e inencontrable Buckingham Nicks (un año antes de su esperadísima reedición de hace pocas semanas), y la apasionada lectura en vivo que Tedeschi Trucks Band hilvanaron en torno a aquel glorioso Mad dogs & Englishmen de Joe Cocker, se suma ahora este repaso a las 10 fabulosas canciones con las que en 1970 unos jóvenes Crosby, Stills, Nash & Young dejaban una huella indeleble (y acaso nunca ya superada) para la historia de la música de la costa oeste. La lectura en torno a Déjà vu que ahora rubrican los londinenses The Wandering Hearts suena ahora apasionada, o incluso devota, pero logra salir airosa de un reto temerario: recrear un cancionero y unas interpretaciones que admiten muy escaso margen de mejora.

Nuestros Corazones Errantes se afanan en resolver la ecuación más compleja en estos casos, dónde colocar el fiel en la balanza entre la fidelidad al material original y el acento en la personalidad propia a la hora de la recreación. El trío londinense rehúsa el espinoso y movedizo territorio de las rearmonizaciones o reinvenciones, de manera que sus versiones, 55 años después, se adhieren a la memoria con la familiaridad de quien ha escuchado centenares de veces el cancionero original. Sin embargo, saca mucho provecho al factor diferencial de que aquí dos de las tres voces armonizadas sean femeninas, además de lo peculiar que resulta encontrar a orillas del Támesis una formación tan devota del universo del americana.

Después de tres álbumes de material propio, Tara Wilcox, Chess Whiffin y el único integrante masculino, AJ Dean Revington, se reparten el protagonismo local con minucioso ánimo paritario, pero no unitario: media un abismo entre las gargantas incisivas de Carry on y la dulzura sublime de Teach your children, una letra que, medio siglo largo después y ante la pujanza de la mentira global e impune, adquiere un significado aún más trascendental. De la misma manera, es muy curioso y, sobre todo, estimulante, escuchar en voces femeninas el incisivo Almost cut my hair, de Crosby. Y no digamos ya comprobar cómo Whiffin y Wilcox se alternan en las líneas sublimes de Nash para Our house, acaso (o con seguridad) una de las canciones de amor más bellas que han conocido los tiempos. Y quizá la apostilla «de amor» nos sobre.

No pretenden The Wandering Hearts mejorar Déjà vu, qué va. Ni siquiera ensombrecerlo. Pero su paréntesis en el cancionero propio para este ejercicio de confesión de una intensísima debilidad personal se vuelve un regalo para el paladar.

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