Solo imaginárselo produce escalofríos. Primeros días de agosto de 1965. Stax Records, la compañía de soul que fundaron en Memphis (Tennessee) dos hermanos blancos, Jim Stewart y Estelle Axton, enamorados de la música negra hasta el arrebatamiento, preparan su desembarco en la Costa Oeste, el movimiento más decisivo y arriesgado en sus ocho años de aventura melómana y empresarial. A esas alturas ya ha quedado claro que Stax es el único sello que puede plantarle cara al omnipresente (y fabuloso) Motown, para lo que apuesta por artistas de corte más racial, flamígero y comprometido. Y para ganarse a la audiencia mayoritariamente blanca y acomodada del Pacífico, nada como una residencia de dos noches, el 7 y el 8 de aquel agosto, en el 5-4 Ballroom, un local de resonancias míticas situado en la primera planta de un edificio de ladrillo, en el cruce entre la Calle 54 y Broadway.

Stax irrumpe con lo más florido de su catálogo, que entonces incluye a Rufus Thomas, Carla Thomas, William Bell, varias bandas de doo-wop y, por supuesto, los flamígeros Booker T. & The M.G.’s, y la ocasión queda inmortalizada en un elepé histórico. 60 años más tarde, aquellas grabaciones memorables se amplían en este doble CD conmemorativo que mejora hasta extremos superlativos el sonido original y, sobre todo, aporta nueve cortes que hasta ahora jamás habían visto la luz: 49 minutos de música rigurosamente inédita salida de los mejores y más arrebatadores días que el soul haya conocido jamás.

La edición original de Stax Revue: Live in ’65! omitió dos piezas importantísimas de las sesiones en el 5-4 Ballroom, pero impublicables entonces por motivos bastante obvio. La versión de más de 19 minutos que Rufus Thomas ejecuta alguna de las dos noches de Walking the dog es un delirio extenuante, un exceso de enorme valor documental pero solo válido en su momento para su disfrute enfrente del escenario, no en un soporte fonográfico. Otro que tampoco pisa el freno delante del auditorio es Wilson Pickett, que regala una fabulosa y libérrima lectura (¡nueve minutos!) de su impagable In the midnight hour, pero… está a punto de firmar por Atlantic Records, la todopoderosa competencia, y esa grabación también se cae del vinilo.

El álbum original se completaba con unas pocas grabaciones en el Club Paradise de Memphis registradas entre junio y julio y avaladas por la familiaridad de los músicos y los espectadores con el espacio y el repertorio. Ahí la escuadra de la Stax jugaba en casa, pero el elepé primigenio solo aprovechó algunos de los excelentes cortes del organista Booker T. y su banda, en la que ya sobresalía como guitarrista y compositor el reciente y tristemente desaparecido Steve Cropper. La reedición conmemorativa aprovecha para desempolvar aportaciones de artistas mucho menos (re)conocidos, en particular el cálido y poderoso vocalista David Porter, que gozaba del respaldo vigoroso de una espléndida sección de metales. The Astors, que sí dieron el salto al mes siguiente hasta la cita de Los Ángeles, calentaban sus armonías vocales aquí con la adorable What can I be, que parece causar sensación entre la audiencia. Y cierra el capítulo de inéditos la casi olvidada Wendy Rene (más tarde rebautizada como Mary Cross), en puro éxtasis mercurial con un Bar-B-Q que le había escrito el propio Cropper.

Los discos en directo de los sesenta no suelen caracterizarse por un sonido refinado, pero la restauración sonora que encabeza el ilustre productor e historiador británico Alec Palao roza el milagro: sigue notándose mucho la presencia del público, pero lo que nos llega desde el escenario resulta casi prístino, salvo en un par de cortes demasiado dañados en el máster (y suprimidos, claro está, de la versión de 1965). Añadan el artículo en páginas interiores de la periodista angelina Lynell George, apabullante y apasionante, y concédanse un festín con la mejor era del soul que han conocido los tiempos.

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