Lo más curioso en este cálido, concienzudo y generoso homenaje a la obra de Bruce Springsteen, sustanciado en dos discos que pueden adquirirse y concebirse por separado pero que no dejan de ser hermanos mellizos, es su condición de proyecto surgido al dictado de las leyes del azar. En contra de lo que pudiera sospecharse, a la vista de las dimensiones y el mimo del proyecto (16 canciones, algunas nada populares ni evidentes, repartidas en estos trabajos cuidadísimos y primorosos), Little by little y Piece by piece no nacen de una planificación pormenorizada ni minuciosa, sino de un arrebato fruto de la casualidad.

Explica Ward Hayden que hace un par de años iba conduciendo con su banda por el «corazón de Estados Unidos» cuando escuchó por la radio a un músico de Massachusetts, «famoso por su banda de hard rock de los noventa y más tarde atraído por una de esas típicas reinvenciones al country» (no, no se nos ocurre ahora mismo en quién sospechar), que bramaba contra los postulados políticos y sociales de Springsteen y animaba a no volver a escuchar ni una sola de sus canciones. Hayden no necesita ser springsteeniano hasta los tuétanos para considerarlo parte esencial de su educación sentimental y haber conocido, interiorizado y canturreado unos cuantos centenares de sus títulos, incluso algunos de los que solemos enclavar bajo el epígrafe de rareza. Y el vaquero de Boston animó a su quinteto, casi a modo de desahogo, liberación y desagravio, a reunirse en el local en torno a tres piezas de The Boss que terminaron siendo más y más hasta llegar a las 16 versiones ahora divulgadas en dos álbumes casi consecutivos, Little by little (abril de 2025) y Piece by piece, justo medio año más tarde. ¿Dos elepés sencillos, un disco doble, un álbum y su secuela? Puede discutirse cuál es la terminología más afinada, pero la misma tipología de las entregas recuerda, puestos a homenajear, a aquella pareja de álbumes hermanos que El Jefe lanzó simultáneamente en 1992, Human touch y Lucky town.

Por lo pronto, hay dos características primordiales en esta antología que hablan muy bien de sus impulsores. Para empezar, Ward y sus Outliers rehúyen la tentación de entregarse al mero encadenado de grandes éxitos, una circunstancia que habría resultado sencillísima bebiendo de una discografía que supera el medio siglo, las dos docenas de elepés y una avalancha de títulos que en buena parte del planeta podríamos canturrear hasta dejarnos inutilizadas las cuerdas vocales. Hay alguna escala en títulos de gran popularidad, en particular en Piece by piece (Glory days, Brilliant disguise, Thunder road) pero también en Little by little, que concede una lectura del divulgadísimo Dancing in the dark. Pero ambos discos juegan a hurgar en el ya casi inabarcable legado del de Nueva Jersey para conceder segundas oportunidades a páginas que no figuran entre las más divulgadas de nuestro cronista. Y ese amor por la caza y captura de gemas, rarezas y acotaciones marginales es más acentuada en el caso de Little by little, que incluso pone a prueba a los más devotos con la inclusión de County fair, un descarte de 1983 que solo vería la luz dos décadas más tarde en la colección The Essential y que también se desliza en el Tracks II: The lost albums de este pasado verano.

La otra peculiaridad es que ni Ward ni sus lugartenientes se dejan embaucar por la posibilidad de sonar a la manera de la E Street Band y conservan naturaleza y personalidad propias por mucho que el repertorio sea ilustre y ajeno. A lo largo de sus dos buenas décadas de trayectoria, el trovador de Boston ha afianzado un estilo de country & western clásico que se aferra a una voz particularmente cálida, sedosa y timbrada y que aquí no pierde en este recorrido por la América de la clase media, por esa «tierra de la esperanza y los sueños» que con tanta minuciosidad a ras de suelo ha inmortalizado el autor de Born to run.

Hayden es un valioso compositor por cuenta propia que en sus entregas discográficas previas también había hecho escala en las figuras de Hank Williams o Johnny Cash, que quizá surjan en su listado de grandes influencias antes que el nombre de Bruce. Pero el equilibrio entre el respeto a los originales y el anhelo de imprimirles personalidad propia hace de esta pareja discográfica una auténtica rara avis. Porque los discos de homenaje muchas veces apelan a una corrección tan impoluta como irrelevante, y este aporta y enriquece en un territorio que creíamos ya muy sobradamente explorado.

Ward Hayden & The Outliers presentan su doble homenaje a Springsteen del 13 al 23 de noviembre por España, con escalas en Santander, Madrid (jueves 14), Vitoria-Gasteiz, Segovia, A Coruña, Valencia (19 y 20), Barcelona (21), Girona y Zaragoza

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