No debía de resultar sencillo dedicarse al rock yanqui allá por 1980, con la sombra de Bruce Springsteen eclipsándolo todo. El mismo año en que The Boss colocaba sobre la mesa
 The river, esa barbaridad, John Mellencamp aún firmaba como John Cougar y estaba en pañales, Steve Forbert era un muy meritorio pipiolo al que solo conocían los forofos mejor documentados (en España, prácticamente nadie) y Billy Joel no dejaba de ser un pianista pop, por más que aquella misma temporada él también jugaba con Glass houses la carta de los sonidos springsteenianos. Así pues, la única resistencia posible es la que ofrecía Bob Seger, un barbudo de Detroit que había bebido de las mismas fuentes que su paisano Mitch Ryder, una de las debilidades confesas de nuestro querido autor de Born to run. Seger nunca logró acaparar focos, titulares ni admiraciones multitudinarias, pero llevaba muchos kilómetros recorridos, había acumulado méritos desde la adolescencia, acreditaba una decena de álbumes previos en estudio y, al igual que otros con la E Street Band, también disponía de una banda propia a su servicio, The Silver Bullet Band. Su principal mérito, intuyo, era esa habilidad para mantener un pie en el acelerador del rock generoso en leucocitos y el otro en los territorios del singer-songwriter; lo curioso aquí es que sus tres mayores éxitos, You’ll accomp’ny me, Fire lake y el inolvidable tema central, eran grandes baladas. Los devotos de Bob reparten sus preferencias entre este elepé y sus tres antecesores, Beautiful loser, Night moves y Stranger in town, que en realidad fueron más exitosos y quizá mantuvieran un nivel de electricidad más incontestable. Pero a mí ninguno se me adhirió a la memoria tan intensamente como este, quizá porque las lentas fueran imbatibles y las rápidas (Her strut, The horizontal bop) siempre las encontré más divertidas que tontorronas, aunque quizás ambos adjetivos sean aplicables. Y porque esos caballos de portada eran tan evocadores que solo entraban ganas de comprarse el elepé. Ya podían haberle servido de inspiración al autor de la que ilustra el nuevo de Bruce, dicho sea de paso…

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