El reino de Ferran Palau no es de este mundo. Es más, de cara a este (maravilloso) octavo elepé como solista, el cantautor barcelonés se calza la sábana de fantasma y se lanza a vagar por la campiña sin rumbo ni objetivo predefinido, como quien desconoce su camino porque no encuentra manera de orientarse en un entorno ajeno y hostil que no le pertenece. Esa sensación de pies despegados del suelo es la que prevalece en esta bellísima miniatura de diez canciones en menos de media hora, un álbum al que el adjetivo etéreo se le queda corto: esto no es música, sino un soplo de viento llamado a acariciarnos antes de desvanecerse.

Contraviniendo las normas clásicas de la industria –que no dejan de ser una parafernalia como otra cualquiera–, Palau ha esperado al sábado 24 de enero, día de su cumpleaños número 43, para poner en circulación este Aniversario feliz. Nace el disco más como un regalo en primera persona que como un ofrecimiento a terceros, a un público al que se nos deja curiosear por la mirilla una fiesta particular a la que no hemos sido expresamente invitados. Estas de Palau son canciones ensimismadas, tan recogidas y envueltas sobre sí mismas como esas flores que se resisten a abrirse del todo y hacer ostensible su belleza.

Aquí nada se exterioriza: de ahí que debamos escudriñar, asumir la ausencia absoluta de percusión o batería, deleitarnos con la finura de esas guitarras y ukeleles reverberados, delicadísimos y muy deudores de la mejor escuela británica. Añadamos, a modo de destellos cromáticos siempre muy comedidos, esas pinceladas aquí y allá de violonchelo, flauta, trombón, clarinete o pianito. Nada es aquí orondo. Al contrario: Aniversari feliç es puro impresionismo sonoro. Pura poesía liviana.

No es de este mundo, qué va, el reino de Ferran Palau. El poeta con guitarra de Collbató (Baix Llobregat) le susurra con un hilo de voz a las cosas que tiene la vida –el amor, la finitud, los ciclos, la naturaleza, las bellezas efímeras, la muerte– desde una perspectiva lírica, sugerente, casi autoprotectora. Ferran es y se sabe vulnerable, y descodifica esa certeza a partir de una música que acaricia, acompaña y, a ratos, abruma con su belleza nada ostensible. «Y prenderé fuego a tantas cosas», canta –o casi murmura– el barcelonés en un primer verso que da idea de la naturaleza purificadora de su propuesta. Un disco triste y luminoso a un tiempo, una obra esclarecedora y en petit comité: coproduce y acompaña instrumentalmente Jordi Matas, primo del autor; edita Hidden Track, la escudería discográfica que dirige Louise Samson, pareja de Ferran. Cómprense Aniversari feliç en formato físico: es la única manera de materializar esa quimera de atrapar el viento.

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