Pocos recuerdan ya a Nicolette Larson. O casi nadie, por desgracia y por injusto que nos parezca. La prístina vocalista criada en Kansas City pudo reinar en la segunda mitad de los setenta dentro de ese country-pop californiano donde todas las voces la señalaban como heredera directa de sus queridas Linda Ronstadt y Emmylou Harris, y en el que los primeros pasos de su currículo la refrendaron como un fenómeno aparentemente imparable: apariciones estelares junto a los Doobie Brothers de Michael McDonald y aquel Christopher Cross arrollador del primer álbum, una estrecha amistad con Neil Young, aquel Lotta love que se convirtió en un éxito indiscutible (y, a la postre, también un inequívoco one-hit wonder), el refrendo del ilustrísimo Ted Templeman como productor de cabecera. Todo merecía fructificar y perdurar, pero la primera parte de la ecuación se fue diluyendo y la segunda, difícilmente la podemos validar en estos tiempos desmemoriados. Por eso esta sencilla, preciosa y muy necesaria caja cuádruple con toda su producción en sus años para Warner Bros. es una reivindicación adorable y de gran utilidad, porque ninguno de aquellos álbumes eran fáciles de localizar, ni siquiera en las socorridas tiendas de segunda mano.
La colección abarca el imprescindible debut de Nicolette (1978), la prolongación que debería haberla consagrado para siempre (In the nick of time, 1979) y un tercer y cuarto álbum, Radioland (1981) y All dressed up and no place to go (1982), donde las ansias por asentar un público transversal y de amplio espectro, entre el pop con aromas de country y ese soft pop o yacht rock con querencia por los cruceros, terminó difuminando la personalidad pero dejando en los archivos, con todo, un puñado de interpretaciones encantadoras, plácidas y lindísimas. A ello le debemos añadir una muy rara entrega en vivo, Live at the Roxy, registrada en el mítico local de West Hollywood el 20 de diciembre de 1978 y publicada pocos meses después como elepé promocional para que los pinchadiscos de las radios estadounidenses comprobaran que la querúbica muchacha de largas trenzas y voz angelical se transformaba sobre las tablas y dominaba la situación al frente de una banda de ensueño, diez músicos de elevadísima condición entre los que no faltaban Paul Barrere o Albert Lee a la guitarra, los teclados de Bill Payne y hasta el propio Ted Templeman como uno de los dos coristas masculinos. No tenía sentido dar condición de lanzamiento oficial a un disco en directo que llegaba tras solo un elepé en estudio y con un repertorio lógicamente muy similar al de aquel Nicolette, así que aquella grabación quedó como un objeto de deseo entre coleccionistas hasta que logró debutar como cedé en el catálogo de Rhino allá por 2006.
Recuperar ahora estos cuatro álbumes tan difuminados por el tiempo es un pequeño regalo para los oídos y un acto de justicia histórica. Todos ellos son hijos de una época de producciones inmaculadas y algo escasas de mordiente, pero capaces de subrayar la excelencia vocal de esta muchacha de familia conservadora y sin atisbo de pretensiones artísticas entre ninguno de sus cinco hermanos. Larson pudo asumir una vida plácida, acomodada y sin grandes ambiciones, pero hizo las maletas con rumbo a California, comenzó a frecuentar el circuito nocturno y conquistó a propios y extraños gracias a una voz nítida, luminosa, cándida y deslumbrante, un regalo de los cielos que le permitió codearse en el estudio con Emmylou Harris y Neil Young (pero también con Jesse Colin Young, Jesse Winchester, Billy Jo Shaver, Mary Kay Place o Gary Stewart) antes de abordar su estreno como artista en solitario.
Esta cuádruple caja aprovecha para rescatar los cuatro duetos más célebres que Nicolette encadenó durante aquellos años, el seminal Hello stranger (junto a Emmylou) y los posteriores Sweet feelin’ (The Doobie Brothers), The one that got away (Steve Goodman) y Say you’ll be mine, inolvidable mano a mano con Christopher Cross que abría el homónimo y exitosísimo debut del hombre con los flamencos en sus portadas. Esta antológica Look in my direction solo nos deja con las ganas de retomar la lectura que Larson y los Doobie facturaron de Lotta love en los históricos conciertos No nukes de 1979, unos derechos que los recopiladores de Lemon Recordings/Cherry Red no ha podido obtener. A cambio, sí aparece su rara y olvidadísima última grabación para Warner, una versión ya en 1983 de Summer hearts, de Terry Sampson, que encontraría acomodo en la banda sonora de aquella comedieta protagonizada por Chevy Chase que en España conocimos como Las vacaciones de una chiflada familia americana.
Ya lo ven: nada de lo que recuperarán aquí les hará ganar pedigrí entre los modernos, pero la voz de Nicolette es un genuino patrimonio de la humanidad que merece acomodo en las estanterías de cualquier aficionado con buen gusto. Larson se desvinculó de Warner cuando apenas había cumplido 31 años y tanteó una carrera en el mundo del country más tradicional que arrojó frutos todavía más fugaces. Falleció el 16 de diciembre de 1997 en Los Ángeles, con solo 45 años, a causa de un edema cerebral que pudo tener relación con su consumo de fármacos antidepresivos. Una historia tristísima que bien merece el revulsivo de recuperar estos cuatro discos encantadores: no se pierdan bajo ningún concepto el extraordinario dúo junto a Michael McDonald en Let me go, love (del segundo álbum, 1979), una canción muy olvidada pero excepcional del propio líder de los Doobie Brothers.