Las aventuras ajenas al pop cada vez son más recurrentes en la agenda de proyectos de Rufus Wainwright, por muy consciente que el prodigioso divo neoyorquino sea de cuáles son las preferencias de la inmensa mayoría de sus seguidores. Pero el hijo de Kate McGarrigle y Loudon Wainwright III siempre ha ejercido de verso libre, así que asumamos y disfrutemos de ese empeño tan característico de hacer su santa voluntad. Más aún si es con un álbum tan absolutamente disfrutable como esta incursión en la obra del germanoestadounidense Kurt Weill, un compositor clave en la primera mitad del siglo XX con el que Rufus sin duda encontrará abundantes paralelismos para aumentar esa sensación de simpatía. A fin de cuentas, Weill también fue un talento tan prodigioso como alérgico a las adscripciones, y de ahí que sea difícil encapsular una obra en la que bebió de la cultura clásica y el jazz, pero también del cabaret, la canción popular y la vena satírica. Una descripción que permite fantasear con la idea de que el homenajeador y el homenajeado habrían hecho buenas migas si el destino no hubiera distanciado siete décadas el nacimiento de uno y del otro.

El pop más documentado ya había sacado provecho del extraordinario repertorio del bueno de Kurt Julian, un judío de Dessau que uniría su destino al de la cantante y actriz austriaca Lotte Lenya (contrajeron matrimonio en dos ocasiones, con un divorcio de cuatro años entre medias) y que murió al poco de cumplir los 50 años, el 3 de abril de 1950, de un infarto de miocardio justo cuando había comenzado a abordar una idea preciosa, la de un musical en torno al Huckleberry Finn de Mark Twain. Marianne Faithfull le dedicó un álbum íntegro, The seven deadly sins (1998), aunque muchos aficionados a la música moderna habían descubierto al alemán a través del álbum colectivo Lost in the stars (1985), en el que participaban Sting, Lou Reed, Van Dyke Parks, Tom Waits, Todd Rundgren, John Zorn o la propia Faithfull, entre otros. Pero I’m a stranger here myself supera con creces, probablemente, estos acercamientos previos gracias a su amplitud de miras y al rutilante soporte que proporciona la Pacific Jazz Orchestra, una big band de elevadísimo voltaje que convierte esta grabación en directo (en el United Theatre de Broadway, Los Ángeles: dónde mejor) en un festín de dimensiones cinematográficas, glamourosas y altamente disfrutable.

Wainwright sigue siendo, claro, un intérprete descomunal con ese vozarrón casi operístico que proyecta como nadie y transmite una sensación permanente de que estuviésemos oyendo a dos o tres rufus cantándonos al unísono y envolviéndolo todo. Pero lo mejor es que su conocimiento exhaustivo de la obra de Weill le permite ahondar en el repertorio hasta extraer una amalgama deliciosa de estilos y lenguajes. Claro que hay hueco para las baladas más sentimentales y melancólicas, empezando por esa mítica September song o sus dos hermanas menores, It never was you y Will you remember me?, todas ellas provenientes del musical Knickerbocker holiday, que nos sitúa en 1938. Y también cursamos escalas, cómo no, en esa más que mítica Ópera de los tres centavos (1928) que Weill urdió en célebre alianza con el dramaturgo alemán Bertolt Brecht, de alguna manera también su alma gemela. Pero bastante menos popular es, por ejemplo, ese tango trepidante titulado Matrosen song o el muy cabaretero y parisino Je ne t’aime pas, piezas en las que Rufus y sus músicos se explayan a placer y donde al autor de álbumes como Want one o Poses se le nota disfrutando en su salsa.

Wainwright redondea así un año pletórico en el que también ha alumbrado su tercera obra clásica de composición propia, Dream requiem, sucesora de aquellas dos óperas que fueron Prima donna y Hadrian. Esta incursión en las partituras de Weill es mucho más apetecible para el aficionado al pop, sin duda, sobre todo porque a Rufus se le nota cual pez en el agua. Teatralidad, grandes melodías, ropaje instrumental suntuoso, incursiones en la lengua francesa y alemana: puro Rufus. El pop de autor, ese que no nos concede desde Unfollow the rules (2020), puede seguir esperando. Ojalá que no mucho.

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