Se llamaron Big Country, pero podrían haberse bautizado directamente Big Music. Porque todo era colosal, grandilocuente, hasta incluso desmesurado en la propuesta de esta formación que solo era factible en Escocia y a la que resultaba sencillo emparentar con los galeses The Alarm o, sobre todo, con sus paisanos de Simple Minds. “Épico” es un adjetivo muy al uso en las reseñas musicales, pero se queda corto al repasar The crossing, álbum enfático ante el que no podemos reprimir la sonrisa. Parece la banda sonora para un desfile militar de bandas escocesas. Es marcial, de pura solemnidad. Pero es, también, excelente. Y sin parangón, un término que sí debe cotizar siempre al alza: no solo hubo ninguna otra banda que les igualara en esa capacidad de enrojecernos la garganta durante un tarareo irrenunciable, sino que tampoco ellos fueron capaces en los ocho discos sucesivos de igualar la excelencia y la pomposidad de este estreno glorioso.

 

Echémosle parte de culpa al ilustre Steve Lillywhite, que accedió a producir a esta banda primeriza después de haber rubricado los tres primeros elepés de U2. Cuentan que el propio Bono se quedó atónito cuando escuchó la maqueta de In a big country, hito, bandera y manifiesto fundacional, donde se sientan las bases de todo lo que acontece durante este trabajo extenso, apasionante y en permanente estado de gracia: voces agudas, estribillos para desgañitarse y, sobre todo, esas guitarras eléctricas que parecen gaitas. Todo un hallazgo gracias a las pistas dobladas y con un ligero retardo. Fabuloso.

 

Pero no nos quedemos en el single icónico, porque The crossingno tenía desperdicio. Palabra. El adorable Stuart Adamson cantaba alto y claro en todos los sentidos, también a la hora de escribir letras que presumían de pretenciosidad con la mirada al frente. La batería parecía siempre de escuela castrense y las melodías se sucedían en cascada adorable: la rotunda Close action, la muy pegadiza Harvest home, la impetuosa Inwards. Y la bellísima The storm, seis minutos largos que, de tan enfáticos, misteriosos y ambientales, no habrían desentonado, solo un año antes, en el Five miles out de Mike Oldfield.

 

Y aún nos quedan Fields of fire Look away, que también fueron éxito o casi. O la mucho menos difundida pero palpitante All of us, que parece un cántico de taberna a las tantas de la madrugada. Por favor, vuélvanse locos con esa batería. Una vez más. The crossing solo podía acontecer en plena apoteosis ochentera, pero merece la pena (re)vivirlo intensamente.

 

4 Replies to “Big Country: “The crossing” (1983)”

  1. Mi el álbum favorito de Big Country es “The Seer”. Me lo trajo mi hermano el verano que salió porque les vió en directo en Inglaterra y le tengo mucho cariño. Sí que es verdad que eran muy de ese momento. Pero ese gran bajo, esa batería poderosa y esa épica me siguen emocionando. Enhorabuena por el blog!! Muchas gracias!!

  2. Grata sorpresa escuchar elogios hacia la que pensaba era una banda olvidada…….gran compositor el malogrado STUART ADAMSON….si con mayusculas.
    Presumo de tener casi toda la discografia de la banda ….sigo intentando tenerla toda…..encantadisimo de oir hablar de ellos …MUCHAS GRACIAS!!!!

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