En un país un poco más considerado y generoso con los suyos, una banda como Suburbano gozaría de rango de institución. Por lo que a nuestro caso respecta, sin embargo, puede que solo podamos considerarlos propiamente una anomalía. El mágico tándem inquebrantable que integran Luis Mendo y Bernardo Fuster ha rubricado algunas de las canciones más importantes de nuestra banda sonora (comenzando, a ver si les suena de algo, por La puerta de Alcalá), pero estos dos artífices nunca se han desprendido del tenue manto del anonimato a ojos del gran público. Huellas es un precioso repaso a lo ya realizado a lo largo de 40 años y, casi más que eso, una orgullosa declaración de vigencia y autenticidad. Las 25 canciones recuperadas en este disco doble (hora y media que transcurre en un suspiro) han sido repensadas y regrabadas para este festejo, aprovechando que la pareja titular dispone desde hace ya tiempo en su paleta de los preciosos colores acústicos y terruñeros del saxofonista y flautista Lorenzo Solano -un clásico del circuito- y del exquisito acordeón Javier Palancar, en tiempos uno de los compositores principales de La Bruja Gata. Alguna de las piezas de vocación folclórica de los inicios, como La romería de San Andrés de Teixido, hoy suena más simpática y anecdótica que sustancial, pero la habilidad de estos dos caballeros en el formato de canción (tres minutos con estrofa y estribillo e hilvanados en torno a un planteamiento, nudo y desenlace) daría para que nos impartieran un muy fascinante taller de inspiración musical y escritura creativa. Ha habido éxitos manifiestos a lo largo de los años, aunque casi siempre de modo diferido: la fabulosa Arde París no se hizo popular hasta que pasó por labios de Ana Belén y Makinavaja o París-Tombuctú se sirven de su condición de obras al servicio de grandes empresas audiovisuales. Ya se ve: la relevancia pública, en el caso de Suburbano, siempre ha sido colateral. Ellos lo atribuyen a su condición “heterodoxa”, que no es “mérito ni crítica, sino una forma de vivir la música”. En realidad, su discurso entre el lirismo y la crítica social; la nitidez de una poesía sabia, serena y concienciada, sin pliegues ni fuegos de artificio, deberían servir como pasaporte al restringido colectivo de los Grandes de Nuestra Música. Así, con sus mayúsculas. Los nombres de voces invitadas aquí y allá (Aute, Pablo Guerrero, Carmen París, Luis Pastor, Imanol…) refrendan que lo de Bernardo y Luis siempre fue cosa seria. Hacen bien en reivindicarse en un documental, Suburbano: El sonido de la memoria, que a lo largo de una hora y poco complementa esta entrega en forma de DVD. Para que conste lo ya realizado y para dejar la puerta franca a nuevas conquistas. De un dúo tan capaz del vitriolo (Me cago en su excelencia) como de la purita ternura sentimental (Adiós a las penas de abril, Que tengas suerte) siempre podemos confiar en futuros logros.

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