No sé cuánto tiempo hacía que no me asomaba por este mítico debut de Boston. Solo advertiré de que la unidad de medida más indicada en este caso es la década. Y confesaré una doble vinculación, sentimental y melómana, con el vinilo que hoy nos ocupa. La primera forma parte de esos condicionantes vitales ineludibles. ‘Boston’ fue el primer disco (corrijo: la primera casete; anda que no tardé yo en poder trastear con un giradiscos) que entró en mi habitación. Debía de correr el año 1977, sospecho que la elección corrió por cuenta de mi hermano y a mí me encantó: ‘More than a feeling’ me sonaba de la radio, pero ‘Smoking’ o ‘Long time’ también se adherían a los pliegues de la memoria con la dulce viscosidad de una lapa. Las siguientes incorporaciones a mi muy incipiente casecoteca fueron ‘Masque’, de Kansas, y el ‘Greatest hits’ de Chicago, lo que me llevó a albergar la sospecha de que para montar una banda de rock había que escoger antes el nombre de una ciudad. Solo cuando se incorporó a la colección ‘A new world record’, de la ELO, deduje que esa adscripción geográfica no era estrictamente necesaria. En cuanto a la parte musiquera, me ha sorprendido reflotar de la memoria ‘Hitch a ride’, con esa introducción acústica deliciosa y la consabida estructura de menos a más, y caer en la cuenta de que durante 40 minutos estaba disfrutando como un enano. Y no, no era un ejercicio de nostalgia. O no estrictamente. Molaban las guitarras eufóricas de Boston, tan hijas de su tiempo, tan luminosas en su desprejuicio. Y molaba tanto o más aquel garabateo del órgano (‘Foreplay’), que ya casi había olvidado. Puede que este no sea el disco más reivindicado de aquellos tiempos, lo sé. Pero a mí, desde ahora, no me importa incluirlo en la lista.

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