Permitámonos las confesiones. Siempre me gustaron China Crisis. Mucho. Incluso creo recordarlos en La edad de oro, incluso pese a la escasa filiación televisiva de nuestra casa, diría que presentando Christian. No sé, tanto da. A finales de 2017 tuvieron lugar las reediciones de sus tres primeras obras, tres volúmenes cuidadísimos y muy ampliados que cayeron en mis manos como un festín. Lo sigue siendo.

 

El primer y el tercer disco reciben un tratamiento doble, mientras que con Working with fire and steel, que en tiempos fue residente perpetuo en mi casete, tiran la casa por la ventana y nos vamos hasta los tres cedés. Lo he reescuchado todo, me he zambullido en el material adicional y sigo disfrutando, sí, como un chiquillo. Me divertía el flequillito lacio de Gary Daly y esa voz que parecía totalmente amateur pero acababa convirtiéndose en inconfundible e irresistible. Me asombraba la conjunción de nueva ola con otros elementos más sabrosos y rítmicos, incluso con un ligero revestimiento distinguido, comprometido y cultureta. Y me volvió loco cuando Walter Becker (Steely Dan), nuestro añorado Walter Becker, le puso la pajarita a Flaunt the imperfection, aportó esa irrepetible clase noctámbula de los Dan y de aquella conjunción nacieron Black man ray, You did cut me y otro puñado de joyas rutilantes.

 

Los tres trabajos son estupendos. El primero, acaso un poco más disperso y enigmático. Working with fire… es disparatadamente bueno. Redescubro la ternura infinita de Wishful thinking, canción mayúscula, y me asombro al percatarme de una nota a pie de página: aquel fue el ¡sexto sencillo! del elepé. Luego llegarían otros dos álbumes, el más prescindible What Price paradise y una preciosidad muy recuperable, Diary of a hollow horse, pero la parte mollar figuraba en estas tres primeras entregas.

 

En el empacho de añadiduras hay algunas maquetas instrumentales prescindibles, pero las mezclas alternativas son fantásticas y las sesiones para la BBC, sobre todo las de Kid Jenson, encantadoras. Ahora CC son cincuentones, claro, pero siguen más o menos en activo. Y a todos nos encantaría verles el pelo, aunque ahora sea menos lacio y más canoso. No importa, de veras que no.

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