Chris Cohen, el tercer pero homónimo álbum de este maravilloso verso libre de la Costa Oeste norteamericana, está grabado y fechado en nuestros días, pero parece más bien una producción de baja fidelidad manufacturada a mediados de los setenta para contentar a los amantes del soft-pop más heterodoxo y colateral. Algunos recordarán a Cohen por sus años de The Curtains o la época en que se enroló como guitarrista en Deerhoof, y los más sabiondos hasta tendrán en mente a los efímeros Cryptacize, pero es en su obra solista donde este absorto geniecillo angelino está dando la auténtica medida de su talento.

 

Chris canta a media voz, o acaso a un cuarto, con ese hilillo que acuna y nos sitúa en una zona de afabilidad, de canción cordial para oyentes ensoñadores. Pero en las canciones de Cohen siempre hay margen para el vericueto: ni la estructura se conforma con las sucesiones de estrofas y estribillos ni las armonías se restringen remotamente a los cuatro acordes de rigor. Incluso hay algún amago de experimentación jazzy (The link) y hasta una letanía de seis minutos, House carpenter, que parece una centenaria canción tradicional británica travestida por el guitarreo eléctrico.

 

Pero el grueso de la entrega, y lo más atractivo de ella, es ese gusto por la canción suave con derivas psicodélicas que nos seduce en Sweet William (y sus tecladitos de feriante) o la maravillosa Green eyes, lo más parecido a un single que aporta la colección. No acertarás a tararearla, pero querrás repetir. Como con No time to say goodbye y su sonido a maqueta doméstica con irrupción inopinada de saxo, en las mismas directrices que otro tipo fabuloso, Stephen Steinbrink. Dice Robin Pecknold (Fleet Foxes) que los discos de Cohen son “mundos donde todo sucede por algún motivo”. Háganle caso.

 

3 Replies to “Chris Cohen: “Chris Cohen” (2019)”

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