Haría 25 años, y hasta puede que alguno más, que no me tropezaba con este disco. Y lo rescaté por una de esas asociaciones de ideas algo absurdas. Rattle that lock (2015), el último trabajo de Gilmour, me dejó como un témpano, el más reciente Is this the life that we want? (2017), de Roger Waters, me parece muy interesante y me preguntaba si las trayectorias solistas de los dos antiguos socios habían sido siempre tan dispares. La respuesta es no. En 1984, tras resquebrajarse definitivamente el tándem después del plúmbeo The final cut (Pink Floyd, 1983), Waters siguió con sus obtusas obras conceptuales (The pros and cons of hitch-hicking) mientras Gilmour entregaba una colección sencilla, directa, rica y encantadora. Me asombraron dos detalles. Uno: pensaba no recordar con nitidez ninguna canción, pero podría haber tarareado el disco entero. Y dos: no suponía que redescubriera un álbum llamativo, pero lo he encontrado absolutamente delicioso. Así que la reincidencia, con seguridad, no habrá de esperar otro cuarto de siglo…

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