Cada vez que empieza el mes de diciembre me viene a la cabeza este disco (que tantísimas tardes me ha acompañado a lo largo de la vida) y cumplo con el ritual de volver a escucharlo. Constituye un placer tan irrefutable y breve, apenas 31 minutos, que a veces incluso reincido. La costumbre proviene de un verso del tema central, “And the 1st of December was covered with snow”, que canturreo miles de veces; igual que otro de “Anywhere like heaven”, ese que dice “If my spirit starts to sink”, no sabría explicar por qué. Representan, ahora que caigo, la contradicción entre la belleza que nos ofrece la vida y el dolor de saber que nos acabaremos yendo a pique. Taylor era un pipiolo cuando grabó esto. Acababa de regresar de Gran Bretaña después de que Apple, el sello de los Beatles con el que debutó en 1968, se desintegrara. Aquel disco ya era delicioso; este, aún más. Por el tema titular, desde luego, una maravillosa nana country en compás ternario para saludar el nacimiento de su sobrino. Por la estremecedora “Fire and rain”: es infrecuente que una canción tan triste se haga tan famosa. Por “Suite for 20G”, ambiciosa y con esa manera en que los metales responden a las frases que los mencionan. Y, sobre todo, por “Blossom”, porque en dos minutos no se puede escribir nada más escandalosamente bonito. No me he perdido ningún disco del bueno de JT, pero “Sweet baby James” fue su fulminante llegada a la estratosfera de la canción de autor campestre.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *