Les ha salido a Cowboy Junkies competencia férrea y maravillosa con The Delines. Esa desolación grave que sugiere la portada (feísmo arquitectónico, un viejo coche solitario) se desarrolla a lo largo de diez canciones fabulosas: bellas, intensas, hermosísimas en su franca crudeza. The Delines es la nueva criatura de Willy Vlautin (Richmond Fontaine) y gravita alrededor de la voz taciturna y serena de Amy Boone, una mujer que aúna pundonor y hondura cada vez que se acerca al micrófono. Juntos se estrenaron en 2014 con un extraordinario “Colfax” y juntos han sobrellevado el grave accidente de circulación que dejó maltrecha a Boone en 2016 y que explica la demora en esta segunda entrega. La espera se da por buena nada más comienza a sonar “Cheer up Charley”, un tema de apertura llamado a quedarse para siempre en nuestras memorias: el sollozo del “pedal steel”, los tenues garabatos de un teclado “vintage”, la dulce alianza con los metales. Y Amy –esa profundidad, esa emoción contenida, ese coraje delicado  presidiéndolo todo como el gran sol en torno al que gravitan todos los planetas. “The imperial” es una colección tristona, pero en último extremo esperanzada y, sobre todo, preciosa. Con un pie en los postulados del “americana” y otro siempre más próximo al “soul”, lo que otorga al conjunto una consistencia deliciosa. El metrónomo se ralentiza en “Where are you Sonny?” y solo queda apagar el maldito móvil, olvidarse de todo y paladear cada inflexión, cada sílaba. The Delines han conseguido redondear un disco atemporal y, por las mismas, eterno. John Askew, el mismo productor de Neko Case o Laura Veirs, prolonga así su buena mano con las divas apesadumbradas: “Eddie & Polly” o “He don’t burn for me” quedan ya para la historia de este 2019.

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