Ahora podemos recordarlo como un episodio aislado, pero la génesis de Yazoo supuso algo muy parecido a una conmoción. El alumbramiento de Depeche Mode un año antes había sido un episodio ineludible: ni los más apocados del barrio lograban contener sus impulsos jaraneros ante una píldora como “Just can’t get enough”. Y, de repente, el fundador y compositor de todo aquello pegaba un portazo para instaurar un nuevo proyecto junto a una desconocida del circuito local de blues y soul, Alison Moyet, dueña de un vozarrón inapelable. El movimiento representó una sorpresa parecida a la de los grandes fichajes futbolísticos, pero Vince Clarke cometió un par de errores: minusvaloró a sus compañeros de DM, que enseguida encontraron en Martin Gore a un autor fascinante, e imaginó que Moyet sería un espíritu maleable y dispuesto a ejecutar órdenes, lo que se tradujo en la disolución del dúo en apenas año y medio. Dio tiempo a grabar dos álbumes muy reivindicables, en particular este primero, que se abría con uno de esos aldabonazos sintetizados para pistas de baile, “Don’t go”, que siempre acababan utilizándose como sintonías radiofónicas. El éxito pivotó en torno a “Only you”, balada fabulosa a la que ni el envoltorio electrónico resta calidez, pero había sorpresas que quizá hayamos sepultado en la memoria: la divertida epopeya telefónica de “Bad connection”, la taciturna y bella incursión pianística de “Winter kills”, ese experimento de voces inquietantes y música entrecortada que era “In my room”. O la pintoresca “Goodbye ‘70s”, robótica y hoy anacrónica en todos los sentidos. El título del segundo álbum, “You and me both”, no sirvió como premonición: la magia fugaz de Yazoo saltó por los aires. Pero asoma en el reproductor el ‘single’ “Situation” y es imposible contener una sonrisa.

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