No sabemos con exactitud cómo habrá sentido en su fuero interno Álvaro Lafuente todo ese proceso consabido y mitificado del “difícil segundo disco”, pero parece evidente, a la vista del resultado, que ha combatido el previsible y justificado vértigo con grandes dosis de audacia. No es que el muchacho que opera artísticamente bajo el epígrafe de Guitarricadelafuente resulte irreconocible en este Spanish leather respecto a aquel pipiolo que nos deslumbró hace tres temporadas con el adorable La cantera, pero las diferencias son palmarias y la evolución, muy evidente. Tampoco ello implica que el nuevo disco supere necesariamente a su antecesor, pero lo agranda y complementa, y sobre todo nos permite obtener un retrato más panorámico y detallado de su firmante.
Si el primer álbum olía a tierra mojada, este constata que al de Benicàssim también le interesan los tugurios metropolitanos que abren hasta altas horas. Y si en 2022 descubríamos a un muchacho de aire angelical ahora se nos ha vuelto concupiscente. En el fondo, las dos portadas sirven para refrendar ese crecimiento, también en cuanto a la elevación del voltaje: Álvaro institucionaliza el retrato descamisado, pero frente a la poca definición (muscular y gráfica) del primigenio constatamos el esplendor y la turgencia de este segundo.
Cosas de la edad madura, aunque hablamos, claro, de un muchacho que hasta agosto no soplará las 28 velas en la tarta: un chavalín, pese al soberano estirón, que deslumbra de puro talento y osadía, que sigue cambiándonos el paso y trastocándonos los esquemas con el desparpajo, los hallazgos y la valentía que pone sobre la mesa sin perder el aire huidizo que le da esa mirada que se le agazapa entre los rizos. Álvaro explota bien el arte del misterio, y en ese sentido puede que Los Javis, un tándem de innegable ojo clínico, acaben acertando con su sorprendente designación como futura estrella de la gran pantalla, nada menos que a la vera de Penélope Cruz. No se fíen ustedes de los tímidos: el vídeo de Full time papi es de una intensidad homoerótica demoledora y hasta intimidatoria, mientras que un eslogan como “No hace falta ser marica para salir en Vogue” (Poses; en castellano: no le confundamos por ahora con Rufus Wainwright, aunque no estaría mal) ha sido objeto de debate en todas las tertulias modernas del último trimestre, con independencia del porcentaje de participantes queer.
No, definitivamente ya no nos encontramos correteando por las laderas y recogiendo florecillas por Las Cuevas de Cañart, el pueblecito familiar del Maestrazgo turolense que tanto aliento insufló a las historias de abuelos y nietos que hilvanaban La cantera. El envés urbano de Guitarrica le convierte en un hombre más ardiente y eminentemente voluptuoso, más jergal y provocador, aunque a los prejuiciosos debemos avisarles de que no hay atisbos de superficialidad en este cancionero riquísimo, sagaz, autoexploratorio. Es como si Álvaro estuviera aún descubriéndose, como creador y como hombre adulto, y se aviniera a compartir públicamente ese proceso a través de unas canciones más esclarecedoras que las entrevistas. A fin de cuentas, proviene de una generación que a menudo se expresa mejor (o, al menos, con mayor libertad) a través de la mensajería y las notas de voz que descolgando el teléfono o sosteniendo la mirada en el cara a cara.
Álvaro no se autocensura, ni falta que hace, en esa exploración que le vuelve sudoroso y carnal, pero también frágil, hipersensible y necesitado de amores y reconocimientos duraderos. Y es llamativo que entre sus aliados más estrechos figuren ahora dos geniecillos precoces e incluso más jóvenes que él, Pablo Drexler (pablopablo) y Teo Planell, paradigmas generacionales de ese impulso de rebeldía que en tiempos se asociaba con los culos inquietos. De todas esas sinergias nacen algunas canciones excelentes, desde Pipe dream a Babieca! o Los chicos del club, aunque es curioso que el viaje concluya con la única pieza que, por melodía primorosa, térrea y ultrasensible, habría encontrado acomodo óptimo en La cantera. Se titula Tramuntana, suena a clásico desde la primera escucha y sirve para cerrar un círculo fascinante: del campo a la ciudad, y media vuelta.
Lo que acontezca a partir de ahora es un perfecto misterio, pero nunca le podremos negar a Guitarricadelafuente el extenso y fabuloso viaje desarrollado con solo sus dos primeras entregas.