En los años de apoteosis de Prince, yo era de los que se resistía a admitir, al menos en voz alta, que este tipo era un puto genio. Tontunas de melómano párvulo, no me lo tengáis demasiado en cuenta: por entonces costaba aceptar que un artista de éxito masivo pudiera ser endemoniadamente brillante, y en las tertulias con los amigos siempre quedaba mejor decir que habías descubierto (ejemplo real) a un guitarrista llamado Stephen Caudel, del que hoy no se acuerda nadie y que tampoco sé si en la actualidad resistiría una escucha. Ahora mismo habría que estar loco (o sordo) para cuestionar a Prince, pero no hay consenso en torno a este “Lovesexy” con el que yo, qué paradojas, acabé claudicando. Y eso que me irritaba, e irrita, que en el CD no existan cortes, de manera que, para acentuar la supuesta unidad del trabajo, debes escuchar las nueve canciones de un tirón. Una lata absurda, sobre todo porque “I wish U heaven”, una de mis favoritas de todos los tiempos, está casi al final. Pero no había quien se resistiera a “Alphabet Street”, uno de esos singles irrefutables; al petardeo psicodélico de “Glam Slam”; al falsete meloso de esa balada ardorosa, “When 2 R in love”, al mismo descaro de una portada en la que el geniecillo de Minneapolis se exhibía sin tapujos. “Lovesexy” se vio como un paso atrás frente al deslumbrante “Sign o’ the times”, pero era mucho más sabroso que el malogrado “Black album”, cuya publicación se abortó misteriosamente a finales de 1987 y que luego resultó ser un lúdico pasatiempo funk sin demasiada sustancia. Toda la que sí tenía este tratado de amor no solo lúbrico, sino también trascendente.

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