Siempre he sentido una extraña fascinación por los discos desheredados, por los renglones torcidos. Este probablemente lo sea, y no es el único de su firmante: durante casi toda la década de los ochenta, la caligrafía de Carlos Santana bordeó el desastre. Tiene algo de intrigante, en realidad, la trayectoria de este hombre, capaz de arrancar con cuatro discos fabulosos (no solo “Abraxas”, el más célebre; la espiritualidad conceptual de “Caravanserai”, tantas veces minusvalorado, me enamora) para luego perderse en meandros infinitos. “Inner secrets” cumple 40 primaveras y puede que nadie se moleste en tirarle un triste puñado de confeti: por ejemplo, AllMusic, biblia digital que tantas veces usamos como juez supremo, lo despacha con dos tristes estrellitas y un comentario breve y desabrido. Y sí, ya sé que la lectura inaugural de “Dealer”, de mis adorados Traffic, es fofa y desvalida, pero el espíritu de Steve Winwood revive más tarde con un “Well all right” evidentemente inspirado en la versión de Blind Faith. De pronto la guitarra de Santana recupera el filo para “Open invitation”, el instrumental “Life is a lady” hurga en esas notas largas y efectistas de la casa (puede que Camel la tuvieran en mente seis años más tarde al escribir “Stationary traveller”) y tanto la estupenda “The facts of love” como “Wham!” orillan los teclados blandurrios para recuperar el pulso tropical y afrocubano. Y al final resulta que el disco sepultado en la memoria personal y colectiva resiste, desde esa evocadora portada gregaria en blanco y negro, al paso de los años.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *