Todos habremos sentido en algún momento esa extraña fascinación por los discos desheredados, por los renglones torcidos. Este acaso lo sea, y no sería el único ejemplo que pudiéramos atribuirle a su ilustre firmante: durante casi toda la década de los ochenta, la caligrafía de Carlos Santana bordeó el desastre, con algún álbum en el que el único indicio de calidad provenía del ilustre apellido estampado en la portada.

 

Invita de alguna manera a la intriga la trayectoria de este hombre, ahora que reparamos en ello. El californiano de sangre latina había sido capaz de arrancar, entre 1969 y 1972, con cuatro discos fabulosos: no solo Abraxas, el más célebre; la espiritualidad conceptual de Caravanserai, tantas veces minusvalorado, daría para una novela breve. Llegaron obras más complejas o imprecisas, y luego, a la hora de encarar la segunda mitad de la década, los extravíos por infinitos meandros.

 

Cuando Inner secrets ha cumplido alguna efeméride redonda (un cuarto de siglo, el 40 aniversario; la que fuese), nadie se ha tomado jamás la molestia de tirarle un triste puñado de confeti. Un ejemplo: AllMusic, biblia digital que tantas veces usamos como juez supremo, lo despacha con dos tristes estrellitas y un comentario breve y desabrido. Y sí, habremos de convenir que la lectura inaugural de Dealer, de los adorables Traffic, es anémica y desvalida, pero el espíritu de Steve Winwood revivía más tarde con un Well all right evidentemente inspirado en la versión de Blind Faith. De pronto, la guitarra de Santana recupera el filo para Open invitation; el instrumental Life is a lady hurga en esas notas largas y efectistas de la casa (quién sabe si Camel no la tendrían en mente seis años más tarde al escribir Stationary traveller) y tanto la estupenda The facts of love como Wham! orillan los teclados blandurrios para recuperar el pulso tropical y afrocubano.

 

Al final, resulta que el disco sepultado en la memoria personal y colectiva sí que resistía al paso de los años. Igual, por cierto, que esa evocadora portada gregaria en blanco y negro. Sirvan estas líneas como un humilde añadido a aquellos aplausos.

2 Replies to “Santana: “Inner secrets” (1978)”

  1. La crítica nunca lo pone bien, pero a mí es un disco que me encanta. Quizás porque cuando salió tenía 14 años. En cualquier caso, me sigue gustando hoy y me parece más que digno.

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