Entre los múltiples argumentos para pensar que 1968 fue uno de los años más fascinantes en la historia de la música, “Electric ladyland” es uno extraordinariamente convincente. Las afirmaciones categóricas siempre pueden ser objeto de disensión, pero nos encontramos a buen seguro ante el mejor trabajo que fue capaz de finalizar en vida el mejor guitarrista eléctrico que han conocido los tiempos. “Electric ladyland”, ahora restaurado en una bellísima edición que es al tiempo fetiche y prodigio (aporta incluso una mezcla “surround” del álbum, locura absoluta para audiófilos), es un estallido incontrolable de creatividad durante 75 minutos en los que no paran de suceder acontecimientos asombrosos. Había mucha conexión química en estos surcos, claro, pero restringir “…Ladyland” a un mero viaje psicotrópico supondría un reduccionismo rampante. Porque aquí aparecen “Voodoo child (Slight return)”, cumbre absoluta de Hendrix; la lectura enorme de “All along the watchtower”, que engrandece más el original de Dylan; el fascinante viaje de 14 minutos para “1983 (A merman I should turn to be)”, las lecciones magistrales de blues atronador y, en contraste, la belleza de “Gypsy eyes” y los dos minutos y medio de psicodelia trepidante en esa barbaridad titulada “Crosstown traffic”. Añadimos en este 50 aniversario un alucinante disco de maquetas sobre la gestación del álbum, algunas registradas en una habitación de hotel y ahora redivivas con un sonido de nitidez insólita (“Angel Caterina”, por ejemplo, es una versión primeriza de “1983”). Y el concierto en el Hollywood Bowl del 14 de septiembre de 1968, inédito hasta la fecha y casi simultáneo a la edición de “Electric landlady”. Asombra que aún queden joyas por desempolvar en el archivo de Hendrix, pero aquí la militancia puede que haya encontrado su santo grial definitivo.

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