Para lo bueno y lo malo, Alanis Nadine Morissette es plenamente consciente de que la sombra de Jagged Little Pill (1995) la acompañará de por vida. De hecho, seguramente ella sea la primera resignada a convivir con una obra que la consagró de manera superlativa (35 millones de ejemplares acumulados, cuatro Grammy, reciente musical propio en Broadway, puesto de honor en todas las clasificaciones sobre los años noventa), a cambio de convertirse en referente, sombra y rémora de todo cuanto ha venido después y quede todavía por llegar.

 

La reaparición de Alanis llega en el año en que aquel referente ineludible cumple un cuarto de siglo, y venía anticipada por una reedición conmemorativa que aportaba una versión acústica en directo. Pero este Such Pretty Forks In The Road, primer álbum desde el errático Havoc And Bright Lights (2012), pretende ser en gran medida antítesis de lo que conocimos cinco lustros atrás. La buena noticia: Alanis se nos muestra igual de temperamental que siempre, pero más madura y pausada de lo que acostumbrábamos a escucharle, con el poso vital de quien transita por los cuarenta y tantos y es madre de tres chiquillos. La mala: el nuevo trabajo es ligeramente lineal, monótono, reiterativo. Y llega un momento en que puede atragantársenos.

 

En realidad, las esperas tan prolongadas casi nunca son augurio de un disco memorable, sino reflejo de un colapso personal o creativo. Tras el naufragio de Havoc…, la de Ontario pudo tener la sospecha de que poco le quedaba por contar delante de un micrófono, motivo quizá por el que emprendió la escritura de un libro del que dice llevar escritas, glubs, más de 1.300 páginas. De regreso al estudio de grabación, Such Pretty Forks… vuelve a tener ese regusto a catarsis, a descarnado exorcismo interior. Iba a haberse publicado en mayo y servir de prolegómeno a una gira mundial de 25º aniversario, con escala en Barcelona y Madrid allá por octubre. Pero en lo musical mira más hacia Under Rug Swept (2002) que a ese disco al que acaban apuntando todas las alusiones.

 

Y, definitivamente, se le va la mano con las baladas.

 

Cuidado: Morissette exhibe una forma vocal fabulosa, no basada tanto en su amplitud (que también) como en esa vibración tan peculiar que a veces parece armonizarse. Y su sinceridad como autora vuelve a resultar desarmante. Reasons I Drink admite sin tapujos su dependencia del alcohol, Losing The Plot es un relato de insomnios (efectos colaterales de la maternidad y las depresiones posparto), Ablaze supone un magnífico canto de amor a sus retoños y Missing The Miracle afronta una relación menos traumática con los ex que aquella devastación vengativa expuesta en la mítica You Oughta Know. Alguna ventaja han de tener las 45 primaveras de ahora frente a los 20 añitos de entonces.

 

Tampoco le sienta mal a Alanis la producción de la jovencísima Alex Hope, mucho más enfática que la de Guy Sigsworth, un hombre afín a los paisajes soleados. El problema proviene de la repetición de patrones, de ese modelo de balada al piano con desarrollo creciente al que se va incorporando la sección de cuerdas y, llegado el caso, un gran estallido de percusión. No se trata de una simplificación paródica, sino del relato de lo que acontece en Diagnosis, pero también en Missing The Miracle o Losing The Plot, además de en Reckoning o Her. De manera que cuando alcanzamos el undécimo y último corte, Pedestal, y –oh, sorpresa–, hemos de enfrentarnos a una balada pianística con arreglos camerísticos y un sostenido crescendo sonoro, es probable que nos sintamos francamente agotados.

 

Una lástima. En su nueva escudería discográfica, Sony Music, algún ejecutivo se habrá disgustado ante la manifiesta ausencia de sencillos claros en este disco, quizá con la excepción de la espléndida pero incómoda Reasons I Drink. Acaso recelemos de la solemnidad algo huera de Nemesis, que a lo largo de sus seis (excesivos) minutos tiene algo de arrebato eurovisivo. Pero puede conmovernos Losing The Plot, con sus vaivenes emocionales y esos saltos de octava grave a aguda. O Ablaze, ligeramente más agitada que el resto del repertorio y con un arpegiado muy efectivo de guitarra eléctrica. El problema surge a la hora de hacer balance global. Esta Alanis adulta ha querido tomarse su tiempo no solo de un disco al otro, sino midiéndole la temperatura a este. Y no ha querido caer en la autocomplacencia, pero acaba excediéndose con el ralentí.

2 Replies to “Alanis Morissette: “Such pretty forks in the road” (2020)”

  1. El fuerte de Alanis son sus líricas , su interpretación. creo que en esto, el disco es un acierto. musicalmente concuerdo que la composición en piano de Alanis es hermosa, pero a ratos algo agotadora x lo repetido del album. Pienso que alanis se tomo este trabajo claramente como algo muy personal y no comercial, considerando que originalmente el algún seria un disco de Piano absoluto.
    La producción del disco es hermosa, Alex Hope Y C. Marks han dado brillo a canciones que podrían haber sonado muy opacas en otras manos.. mis Favoritas del disco : Smiling, Reasons, Diagnosis, Sandbox Love Y Losing the Plot.

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