Dos argentinos y un zaragozano afincados en Madrid. Tres tipos jóvenes pero experimentados y muy solventes. Un debut que destila sabiduría, calidez y ganas intensas de vivir y balancear ligeramente las osamentas, incluso aunque no nos acompañe la donosura. Hay mucha cumbia en estos diez cortes, reinventada o actualizada en lo que sus artífices denominan “cumbia panatrópica”, pero entre medias se cuelan bocanadas de candombe (“La décima”, quizá la preciosidad por excelencia del álbum), calipso (“Ninguna parte”, equiparable a lo mejor de Los Rodríguez) y hasta una chacarera salpimentada con electrónica en el caso de “¿Qué pasará?”. Pero todos estos son pequeños tecnicismos, si se quiere. Lo más relevante es la confluencia de calor, poesía y ternura. El cariño que late en unas piezas de formulación sencilla, cercana y mágica con las que uno se siente irresistiblemente cómodo. El brillo soleado y sureño, la brisa y el siroco. Las ganas de cantar a coro. La irresistible “Hacia el sur”, pero también la tersura baladística de “El huracán”. No hay pretensión de grandes inventos en esta primera entrega del Colectivo, pero sí de brindarnos el regalo de un gran abrazo panamericano.

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