Cuando descubrimos al pipiolo George Ezra, tres o cuatro años atrás, se me terminaron acumulando algunas ideas en la cabeza. La más evidente, el buen humor que destilaba el vídeo de la estupenda Listen to the man, protagonizado por Ian McKellen, un actor adorable. Ahora que el de Hertford ha pegado el estirón (roza las 25 primaveras, fíjate) y ha urdido un segundo álbum tan ameno, divertido y directo al mentón que parece una ametralladora de singles. ¿Y a quién le parecería mal pegarse un atracón de canciones redondas?

 

No es sencillo dejar de escucharlo, porque Staying… es un disco concebido para gustar, incluso mucho. Dicho con más placer que culpabilidad: estamos ya mayores para los dichosos guilty pleasures de las narices. Se lo debió de pasar bien el chico en casa de Tamara, la muchacha barcelonesa del título, a juzgar por el bullicio, la vitalidad, el desparpajo que rezuman las cuatro primeras canciones del álbum, entre felices y despepitadas, sencillamente irresistibles (Don’t matter now, Shotgun) cuando entran unos metales que son la mejor aportación en este “difícil segundo álbum” que no es tal.

 

Puede que al rubio se le vaya un poco la mano cuando, llegados a Paradise, su alegría parece la banda sonora para un maldito anuncio veraniego de cerveza y las ganas de sonreír incurren en la pachanga. No le desearemos mal a nadie, y mucho más a un chaval joven, de voz preciosa y talento manifiesto, pero a ratos se muestra George tan radiante que parece restregarnos tanta alegría, tanta plenitud. Y no es hasta la octava canción, Hold my girl, que suena una guitarra acústica y arreglos de cuerdas para probablemente el mejor corte de la selección. Por encima incluso de Saviour, en las que las divinas First Aid Kit asumen los coros pero se antojan algo desaprovechadas. Dicho todo lo cual: enhorabuena, joven Ezra, y que le siga marchando todo así de bien…

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