De entre los discos de la prodigiosa añada de 1984 que dejaron huella, pocos habrán desgastado más algunas agujas del giradiscos. Home by down, exquisito hasta en presentación y título, merece todas las escuchas; por breve, impecable, relevante. Con un repertorio entre el encanto y la excelencia. No es ni el mejor, ni el más relevante, recordado o decisivo, ni el que aparece en los anales más documentados sobre la historia de la música popular, pero cualquiera de sus nueve canciones, cualquiera, tiene la santa virtud de la pervivencia atemporal, además de, para algunos, una extraordinaria capacidad de evocación. Como la de aquel chiquillo despanzurrado en el suelo frente al radiocasete –que por primera vez ya era estéreo– que escuchaba cada edición de Ciclos, el programa diario de Vicente Cagiao en Radio Popular, armado de lápiz y papel. Tan expectante como el que se dispusiera, pongamos por caso, a asistir al discurso del “I had a dream”.

 

“He said goodbye and just walked right out the door”, cantaba John David (o J.D.) en el tema titular y de apertura, y ya es una sacudida para los oídos que ese primer verso desgañitado lo interpretara aquel hombre barbudo sin acompañamiento instrumental alguno: las guitarras no estallaban, cual portazo, hasta el “door”. Y luego venía Go ahead and rain, que es una de las canciones de (des)amor más perfectas que viene a la cabeza. Y Say you will, con la inconfundible segunda voz de Linda Ronstadt: una habitual en la agenda de Souther, que siempre había gozado de buenos contactos.

 

Parecía difícil de superar el menú en cuanto girásemos el vinilo, pero entonces irrumpía Night, con esos teclados burbujeantes que parecían de los Heartbreakers; y Bad news travel fast, que habría hecho estragos en la cara B de “Hotel California”. Porque John David, ya se sabe, era el eagle en la sombra, uno de los más grandes “ilustres desconocidos” de la música popular yanqui. Incluso había sido compañero de piso de Glenn Frey a finales de los sesenta, lo que explica muchos episodios de su biografía (además de que su rúbrica figure como coautor de Best of my love o New kid in town).

 

Todo contribuye, en suma, a que este sea un álbum fulgurante, breve, maravilloso. Souther era natural de Detroit, pero se había criado en Amarillo (Texas) antes de mudarse a Los Ángeles y empaparse de la contracultura de la Costa Oeste. De ahí que su espectro estilístico fuese tan refinado y que sus discos suenen eternos. Luego sucedería lo inexplicable: después de Home…, J.D. pasó incomprensiblemente un cuarto de siglo sin grabar. Y cuántas veces lo echamos de menos.

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