De entre los discos de la prodigiosa añada de 1984 que me dejaron huella, puede que ninguno lo haya escuchado tantas veces o con tanta fruición como este. No es ni el mejor, ni el más relevante, recordado o decisivo, ni el que aparece en los anales más documentados sobre la historia de la música popular, pero cualquiera de sus nueve canciones, cualquiera, tiene la santa virtud de transportarme a las tardes de aquel santo verano. Y entonces me puedo ver despanzurrado en el suelo frente al radiocasete, que por primera vez ya era estéreo, y escuchando cada edición de “Ciclos”, el programa diario de Vicente Cagiao en Radio Popular, tan expectante como el que se dispusiera, yo qué sé, a asistir al discurso del “I had a dream”. “He said goodbye and just walked right out the door”, cantaba J.D. en tema de apertura, y no cabía en mi asombro de que ese primer verso lo interpretara aquel hombre barbudo sin acompañamiento instrumental alguno, porque las guitarras no estallaban, cual portazo, hasta el “door”. Y luego venía “Go ahead and rain”, que es una de las canciones de (des)amor más perfectas que viene a la cabeza; y “Say you will”, con la inconfundible segunda voz de Linda Rondstadt; y “Night”, con esos teclados burbujeantes que parecían de los Heartbreakers; y “Bad news travel fast”, que habría hecho estragos en la cara B de “Hotel California”. Porque John David, ya sabes, era el Eagle en la sombra, uno de los más grandes “ilustres desconocidos” de la música popular yanqui. Todo contribuye a que este sea un álbum fulgurante, breve, maravilloso. Luego su autor pasaría incomprensiblemente un cuarto de siglo sin grabar. Pero eso ya queda para otro día.

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